Esta Vuelta ha sido un perfecto desastre

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Ya me permitiréis hablar en confianza, a esta hora de la noche, fresca ya, con la Vuelta recién finalizada, y los sentimientos aún pululando por la mente. Mientras en el Gran Premio de Montreal queman y queman vueltas sin que podamos ver nada por una meteorología más propia de noviembre que del ocaso del verano, pasamos nota a lo que ha sido sin duda una Vuelta que no nos ha gustado, más allá de los momentos puntuales que le han rescatado del tedio en que ha caminado aletargada por la geografía española.

Ya lo decía nuestro amigo Gerardo Fuster en la salida de Marbella. “Parece una Vuelta hecha a trozos, sin orden ni concierto vino a comentar. Lo que hemos visto ha sido un perfecto ejemplo de ello. Una Vuelta hecha a girones, con traslados a la orden del día. La Vuelta es el mejor paradigma de que España camina en una crisis que es sistémica, no quiero pensar lo que significa cuadrar un recorrido con cara y ojos en estas circunstacncias, y de que la organización ha perdido en norte en todo lo que significa mesura y equilibrio

La contrarreloj por equipos de Marbella ya fue un preludio. Nunca habíamos visto una prueba que no contase, salvo casos de fuerza mayor: fallecimiento de un ciclista, condiciones meteorológicas inaceptables,… en ese caso el elemento presentado fue un tramo de “arena de playa prensada” que no ofrecía las condiciones mínimas. ¿Os imagináis que Dumolin gana la Vuelta por seis segundos a Aru? ¿Qué habrían dicho del primer día y de lo que allí no se jugó?.

Sea como fuere lo de Mabella quedó ahí y la carrera emprendió camino con una ración injustificada de llegadas en alto que nos dio día sí y día también espectáculos similares. Sólo rompieron el perfil Esteban Chaves, atacando muy de lejos para lo acostumbrado, y el mentado Dumolin, quien merecerá comentario exclusivo. Para cuando la prueba estuvo definida entre los nombres de la general: someros tostones resueltos a 800 metros de meta.

De esta Vuelta sólo se salva la etapa de Andorra porque con su dureza puso de relieve eso de carrera de gran fondo, la crono de Burgos, porque el esfuerzo individual, aunque estigmatizado, es parte esencial del juego, y la jornada de la Sierra de Guadarrama, la única que dio baza más allá de una cuesta inaceptable hasta para los vehículos a motor.

La cobertura televisiva para qué mentarla: tiros de cámara de relleno, ciudades monumentales tristemente desperdiciadas, momentos clave imposible de comprender por la realización,… alguien en esta bendita casa podría mirar el Tour de Flandes y ver cómo se cubre un evento ciclista con veinte cortes perfectamente identificados y marcados.

La cobertura se completó con las continuas justificaciones de lo injustificable por parte de los dos narradores, Carlos de Andrés y Perico, que nadan en una realidad paralela a la que apreciamos los televidentes y su hombre en la moto, Juan Carlos García. Justificar la crono de salida, las llegadas en alto y otras cuestiones, sin atisbo alguno de autocrítica, es un flaco favor a este deporte.

En este puzle no queremos olvidarnos una pieza clave para quienes amamos la historia y la tradición. Al total desprecio por subidas de siempre se le sumó un hecho que apuntó nuestro compañero Fernando Ferrari: la desaparición del bloque histórico de la Vuelta en la web de la carrera. Increíblemente, en la edición de los 80 años, que tanto hemos visto plasmado en las vallas, no hemos podido disfrutar de la enciclopedia digital de todo aquello que hizo grande esta carrera. Es decir el almanaque quedó en el limbo el tiempo que duró la carrera.

Muchas veces lo hemos dicho, el patromonio más valioso del ciclismo es su historia, si esta no se pone en valor, malo, y nos consta, por otras referencias, que esta Vuelta no está muy por la labor de cultivar ese tesoro.

Imagen tomada del FB de La Vuelta a España

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