Estampa antoniana en el Zoncolan

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Abnegados, fieles sirvientes, humildes los antonianos hicieron durante siglos una eficaz labor de auxilio al personaje xacoebo en su ruta hacia Compostela. A las puertas de Castrojeriz podemos apreciar las ruinas de su esplendor. Hicieron del sacrificio santo y del esfuerzo seña. Hoy un discípulo suyo, Igor Anton, realizó tamaña obra en las endiabladas carreteras que conducen al Zoncolan, la primera subida con mayúsculas de este Giro.
Como era de prever, águilas no cazan moscas, y los premios importantes quedaron en manos de los grandes. Es increíble como esta carrera muda de estrellas pero siempre ofrece su mejor cara. Hace un año Basso y Evasns, hoy Anton y Contador. Sólo repiten Nibali y Scarponi. Esta edición del Giro, va a ser un doble duelo ítalo-español, como en los años que Indurain se solito contra Chiapucci y Bugno.
Me alegro enormemente de la victoria de Igor Anton. Merecía una pizca de suerte y ausentarse de las ambulancias cuando le llaman los grandes momentos. El vizcaíno, lo ha demostrado en otras ocasiones, y hoy también, es quizá el único ciclista capaz, para arriba, de poner en ciertos aprietos a Contador.  El de naranja estuvo con los rivales echándole el aliento kilómetros y kilómetros, a escasos diez segundos, y no cejó. Al contrario, acabó por abrir una brecha que entre túnel y túnel l sitúa en clara disposición de luchar por la segunda plaza.
Por otro lado tenemos a Alberto, de rosa, Contador. Le sienta bien este exótico color. Hoy no se sabe muy bien a qué ha jugado en algún pasaje de la carrera pero al final ha resuelto como debe hacerlo en su situación: con prudencia y sin alardes, conceptos que parecen reñidos con su forma de entender este deporte. Quizá la imagen del podio pueda servirnos de pista. No sé, no se veía a un Alberto tan castigado recibiendo el beso de las guapas desde que le vimos pasarlo tan mal en la postrera crono de Burdeos. Quizá medir esfuerzos, y no sólo en descansar a pierna suelta en el hotel, resida la clave de este Giro cincelado por el desgate.