Este antidopaje no es una ruina, es una desgracia

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Cuando entró en la presidencia de la Real Federación Española de Ciclismo, José Luis López Cerrón advirtió que la cosa no iba a ser fácil. Conocido mundialmente por ser el proveedor cárnico de Alberto Contador en aquella infausta segunda jornada de descanso del Tour de Francia, el corredor luego director de equipo y finalmente organizador, acabó cerrando el círculo de su trayectoria vinculada al ciclismo en el peor momento de la historia del ente que rige la suerte de nuestro deporte.

En este cuaderno de anillado informe, varios han sido los testimonios que hablan de la parquedad en las arcas de la española al tiempo que admiten que ahora el trabajo va a ser si cabe cien veces más penoso, pues la indisposición de medios será la tónica. En este artículo publicado hace unos días en El País, López Cerrón se desfoga con Carlos Arribas.

El relato del actual presidente es ya de ciencia ficción. Si hace un año, sólo uno, nos dicen que los chavales del mundial de ciclocross se lo tendrían que pagar ellos y que parte del combinado del mundial de pista, ídem, habríamos flipado en todos los colores. Hubo un tiempo en que España vio cosas así, y volvemos a ello, aunque quizá con más dolor, pues venimos de épocas de abundancia.

José Antonio Escuredo nos explicó hace poco cómo funcionó la llegada de David Muntaner a un Mundial donde no estaba entre los siete convocados. Siete era la cifra que la RFEC podía permitirse pagar. El seleccionador escribe los nombres, prioriza y quién no pueda ser sostenido por el erario federativo que se busque la vida.

Lo realmente triste es que este proceder, que estoy seguro no es ajeno ni siquiera en países que consideramos mil veces más evolucionados que el nuestro, es que tenga que venir como consecuencia de la factura que el ciclismo se gasta en los controles antidopaje. Existe un libro, “Un diablo llamado dopaje“, editado por Cultura Ciclista, que habla de los desmanes y de la jugosísima industria que se mueve en torno a este concepto. Digamos que es como si a alguien, o algunos, interesase mantener vivo el halo de displicencia del dopaje para que sus controles, pasaportes y otras cuestiones sigan su curso.

No hace mucho el técnico del Movistar Mikel Zabala puso en este mismo cuaderno  algo así como que el ciclismo está mejor que nunca, en cuanto a limpieza, pero que su imagen es la más deteriorada de la historia. Al margen de que son muchos los factores que en ello influyen es realmente triste que en momentos donde un porcentaje muy alto del dinero se va en combatir el dopaje, estemos en este punto.

Al ciclismo le conviene luchar contra esta mal llamada lacra, pero quizá no de esta manera. Los equipos destinan una pasta al antidopaje. Se alimenta pues un círculo letal de deudas y castigo de imagen que puede acabar por dejar seca la maquinaria. La RFEC es ejemplo de ello.

Foto tomada de www.arueda.com

1 COMENTARIO

  1. Esto del dopaje es algo así como "la pescadilla que se muerde la cola"… alimentamos controles, que se hacen en laboratorios que tienen que vivir de que siga hablandose de este dopaje. Y mientras tanto escatimamos dinero para lo realmente importante, el bienestar del deportista, sea ciclista o cualquier otro. Es lo que hay!!

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