Este cuento me gusta más

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Hace un año por estas fechas, con el objetivo de ambientar la espera del Tour, o los momentos posteriores a la carrera, en las soporíferas tarde de julio, Sergi López Egea sacaba con Cultura Ciclista el libro “Cuentos del Tour”, una de esas casualidades de twitter y de lo que escribes por la red social desde los pasillos cuyas paredes escondían los secretos de la Operación Puerto.

Como cada vez que un libro de ciclismo cae en nuestras manos, la opinión que intentamos transmitir es la más cercana a nuestro criterio, entonces tildamos el libro de “obra ligera” y llevadera, para leer rápido y aprender un poco de las entretelas de este deporte que quien no lo conoce por dentro no sabe qué se pierde.

Ahora nos llega Sergi con “Cuentos del pelotón”, una obra que sinceramente nos ha gustado mucho más porque abre el foco y demuestra una cosa que aquí siempre hemos defendido, el ciclismo es mucho más que el Tour y que incluso, si nos dieran a elegir, una buena Roubaix, una ventosa Wevelgem, nos atrae incluso más que la gran carrera del ciclismo.

Los cuentos de pelotón de esta vez nos hablan de más de veinte años mamando ciclismo desde los coches, moteles, hoteles y demás rincones de media Europa, y parte de América. Se habla de la grandeza de Alejandro Valverde, de los despistes de Oscar Freire, de los novios que bendijo Cipollini, de…

Sin embargo hay una historia que nos gusta especialmente porque la consideramos políticamente incorrecta y es la que habla de los ángulos de la relación de Miguel Indurain con sus mentores Echávarri y Unzué. Esa historia es la esencia misma del ciclismo y de la vida: cuando vales, cuando sirves, cuando ganas, todo es perfecto, palmadas y demás parabienes; Cuando las cosas se tuercen surgen los problemas. Es nítido y cristalino.

A Indurain le tocó bailar con la más fea cuando dejó de ganar Tours, de hecho hubo momentos en ese 1996 como si nunca hubiera ganado cinco ediciones del tirón y seguidas. Imagínense cuán tocada quedó la relación entre el campeón navarro y sus directores que en la fiesta de los 35 años de Abarca (desde Reynolds a Movistar) el gran ausente fue el de Villaba, cuando él fue el artífice de esa historia. En fin, cosas que pasan y que ocurren. Contarlo me parece un acierto, eso también es ciclismo.

Imagen tomada de www.arueda.com

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1 COMENTARIO

  1. Eso dice mucho de los “directores” de Reynolds y Banesto en esos años. Cuando se convirtieron en gestores la cosa empezó a tomar otros derroteros. Peor para ellos y mejor para don Miguel que es el que ganó, mal que les pese.

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