¿Éste es el ciclismo que queremos?

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Entendámonos, mierda, controversia, decepción,… siempre la ha habido, desde tiempos inmemoriales hasta ahora, pero en la época del ciclismo 2.0 las cosas se saben antes, se expresan mejor y se discuten al momento. En este momento en que la temporada languidece, en el que competitivamente hablando sólo nos interesa saber quién sucederá a Purito en Lombardía –pues con ese recorrido vemos complicado que repita- y quién saldrá número uno del epílogo pequinés –el tema está entre Contador y Valverde- las noticias que nos llegan del ciclismo nos dan la medida de la sociedad que nos toca padecer, que aunque no nos guste, nos tocó en suerte.

Empezamos por Lombardia y la ausencia de Vincenzo Nibali. El ganador del Tour de Francia, el último italiano en lograrlo desde Marco Pantani y anteriormente Felice Gimondi, ha causado baja en el monumento que este año acaba en Bérgamo porque tiene que estar en una carrera kazaja, de mucho menor prestigio y lejos de su Italia. Obviamente dinero tira, y el compromiso en el país asiático es ineludible, de allí sal su abultado sueldo y el de la gente de su confianza, pero, sin ánimo de reprocharle nada, resulta triste la situación, más cuando los mentores de la carrera kazaja podrían barajar otras fechas y el ciclismo necesita de la implicación expresa y directa de sus estrellas, más allá de las cifras que barajen a final de mes.

Algo similar nos ocurrió cuando Alberto Contador se borró del mundial de Ponferrada, una prueba en la que su aporte deportivo quizá no habría sido el de disputar el título, pero sí podría haber contribuido a endurecer la carrera, como hizo Fabio Aru, por ejemplo, y al mismo tiempo sembrar de felicidad a la muchos feligreses que le siguen pies juntillas. Sus compromisos con mecenas y sponsors varios no los descuida, ni debe, pero estos otros menesteres, aunque intangibles en lo  económico, sí reportan relieve al deporte que les da de comer.

Otra es la situación de Juanma Garate, inexplicablemente, apartado del Belkin. A pocos meses que expire el año, el irundarra cuenta los días sin competir y se violan todos los acuerdos y principios que hablan de periodos máximos de inactividad para el ciclista. Aquí hay, o debe haber, algo que nos hemos perdido, porque tener un ciclista de este bagaje aparcado ahí, en su pueblo, dejándole a buenaventura es sencillamente increíble. Flecha y Freire también vivieron situaciones curiosas en este equipo. Luisle también, pero en su caso es tan particular, que optamos por no valorarlo.

Y mientras el ciclismo que idea Brian Cookson y sus arquitectos de la UCI toma camino, vemos cómo se le sigue dando pábulo aunque sea en base a nada al equipo de Fernando Alonso, que al final nada ni nadie sabe en qué va a a quedar, si es que algo va a quedar. Mientras no vertimos tinta sobre la inacción de Contador en los mundiales de “su país” ni en el drama de Garate hablamos del proyecto del piloto, algo que es aire, ni más ni menos, y eso que los plazos para que fuera tangible creo que ya se han rebasado.

Pero volviendo a Astana, y para acabar, lo cierto es que es sangrante el caso de sus hermanos Iglinsky y lo mejor es la reacción del responsable del equipo, Alexander Vinokourov. Ambos han pitado con EPO, manda huevos hacerlo a estas alturas, y ambos han puesto en un brete al equipo frente a ese movimiento de ciclismo limpio. Al parecer, echando mano de los reglamentos, no podrían estar en Lombardía ni en la carrera kazaja, pero posiblemente se encuentre un recoveco para solucionarlo. Eso es ley “prêt-à-porte” algo que Vinokourov parece dominar.

En fin, ¿éste es el ciclismo que queremos?…

Imagen tomada del Facebook del Tour de Francia

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