Éste no es el Tour número 100

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Uno de los nombres que más curiosidad me despierta para el Tour de Francia que arranca desde Córcega es Tejay Van Garderen. El estadounidense cumple con el perfil de ciclista que ofrece plenas garantías en la puja por una gran vuelta. Sube con los mejores y es bueno contra el crono. Ante su consabida juventud, es obvio que necesita un hervor para alcanzar el máximo grado en ambas facetas, pero este corredor nato en Washington durante los días que Segovia se relamía por el Tour de Perico, allá por 1988, está camino de optar a ese estatus que sólo encaja en escasos cinco ciclistas dentro del pelotón.

La gente de “Desde la cuneta” publica una entrevista con el corredor. En la misma admite no tener ídolos, como marcando un punto y aparte en su concepción del ciclismo. Está al tanto de la historia de este deporte, lo practica profesionalmente pero prescinde de referentes en una actitud saludable, dada la retahíla de decepciones que los años nos profesan.

De quedarse con un espejo en el que mirarse habla de sus dos compatriotas, que también vistieron el maillot blanco, Andrew Hampsten y Greg Lemond. Lance Armstrong no surge ni por asomo. Y es que aquí llegamos al cogollo de esta entrada, el americano es invisible y sus Tours inexistentes.

Es por ello que nos preguntamos si realmente la carrera que saldrá de las islas corsas es la edición número 100 de la carrera. Si el ánimo revisionista se impone sería incorrecto hablar de tan redonda cifra. Cojan la caída de Beloki camino de Gap, la cronoescalada a Alpe d´ Huez, la contrarreloj de Metz,…  bórrenlo de su mente. Quizá necesitáramos a los hombres de negro, Will Smith y Tomy Lee Jones, para que todas esas imágenes sean ajenas a nuestra memoria con ese aparatito que te borra el conocimiento.

Luego vayan a la edición de 1996 y obvien las exhibiciones del llamado mister 60, Bjiarne Rijs, que hoy además lleva el volante y destino de uno de los equipos más importantes del ciclismo. Lo de Hautacam lo soñamos, la cabalgada de ocho, los ocho mejores de la general, camino de Pamplona fue una fábula, el aplastante dominio del T Mobile,… nada de aquello ocurrió. Y súmenle las dos ediciones que el confeso Bernard Thévénet ganó, una de ellas al mismísimo Eddy Merckx.

Como ven no hemos hecho más que raspar y el mito de las 100 ediciones se cae por su propio peso. Hablaríamos de unas noventa y pico, y no quieran hurgar más por que el ciclismo en su lamentable dimensión es posible que revise y revise hasta desmontarlo todo, el engranaje un día soñado por unos locos que veían épica y leyenda en un grupo de descerebrados que se echaban a la carretera con toda suerte de ungüentos y sustancias para soportar el dolor inhumano al que se entregaron.

Es bonito usar tan redonda cifra para vender la moto, pero quizá les convenga a los mentores de la idea saber que si siguen así hasta el infinito quizá ninguna de esas tardes que cincelaron parte de nuestras vidas merece quedar en el recuerdo aunque la emoción de entonces fuera grande. El ciclismo como la vida es imperfecto y como tal, las cosas, no por más removerlas, no seguirán su curso.

 

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