Este Tour promete ser largo

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Hace cien años cicatrices en la tierra, llamadas trincheras, se sembraron por muchos de los parajes que atravesará el Tour de Francia en sus primeros días. Una travesía por campos del horror, que salvando las distancias, porque en hablamos de deporte, será emulada por el pelotón en estas tres semanas de competición ciclista máxima.

Porque el Tour de 2014 se presenta como eso, como una pugna de trincheras, de desgaste e imprevistos. Todos pensaron que la Primera Guerra Mundial sería rápida, y no fue así. Se enfangó en el espacio y se envenenó en el tiempo. Este Tour pinta a ser denso. No es sencillo, incluso con la supremacía que se intuye en el duelo Contador vs Froome, reducirlo todo a esta ecuación. El terreno a pisar y la cantidad de excelentes ciclistas que parece llegar en el momento de su vida invitan a pensar que estamos ante una carrera poliédrica, tanto que es temerario augurar un pronóstico.

Tirando de los mimbres que nos dejan estas horas de espera, podemos dar algunas de las claves de lo que puede ser este Tour, que sobre el papel y el mapa se prevé tremendo.  Por ejemplo si trazamos sobre el recorrido círculos rojos resultará un engendro de colores por la cantidad de buenos momentos que prevemos. No se sale en crono, se hace en línea y ya en Sheffield, segunda etapa, se dispone de una jornada que trazaron los valones de la decana con numerosas cotas y terreno pestoso por el vientre de Inglaterra. El paso a Francia prevé una jornada que ha despertado enorme interés, la que muere a las puertas del bosque de Arenberg. Tramos adoquinados que son una moneda al aire y que más allá del sensacionalismo que algunos quieren verle, venden la marca de un ciclismo ancestral y de bisabuelos que el Tour quiere preservar. No lo olviden, todos pasarán por aquí. El terreno es el mismo para todos, el peligro también.

El primer tramo se cierra en el segundo fin de semana con triple jornada en los Vosgos, atención al diente de sierra de Mulhouse, aquí Fignon hizo prisioneros, y la llegada de la Planche des Belles Filles, una jornada de tipo Vuelta en pleno Tour con siete puertos, de ellos cuatro primeras y la llegada a una cima que hace dos años marcó la suerte de Froome con esta carrera.

La potencia que emerge del macizo central rebaja el poderío de los Alpes cuyo tránsito se resuelve con cimas inéditas, ojo con Chamrouse, típico puerto de desgaste en el Tour, y el paso por el Izoard antes de Risoul. Los Pirineos ofrecen tres puntos calientes: el durísimo Balés, con especial premio a quien lo baje mejor –hola Andy Schleck- y dos jornadas de penoso vagar por circos y valles con finales en Pla d´ Adet y Hautacam, una cima sembrada de malos farios –ganaron Rijs y Piepoli y medio sentenció Armstrong-. La crono, la única crono de este Tour, ver para creer, será la que bordó Indurain hace veinte años, pero al revés partiendo de Bérgerac y llegando a Périgueux.

Una quiniela muy abierta

Esto lo que hace referencia al recorrido, lo plausible, ahora los nombres, la gente. Ante lo visto y explicado, reiteramos, es temerario centrarlo todo en Contador y Froome, por mucho que en fuerza bruta y choque frontal resulten casi imbatibles por el resto. Con el percal ofrecido por la organización emergen ciclistas ratoneros, con virtudes en los terrenos decisivos, pero con la inventiva de joder el plan de los más grandes. Vicenzo Nibali y Andrew Talansky, ambos con sendos equipazos, sobretodo el italiano, parecen en disposición de hacer saltar por los aires la lógica. Me gustaría poner en ese dúo a Valverde, pero su equipo y él habrán de demostrar destreza en la pizarra, destreza no vista hasta la fecha. Esperamos mucho de Van Garderen, camino de ser eterno en sus opciones no resueltas, y estamos expectantes por lo que ofrezca Rui Costa, con arco iris y por vez primera con galones. Purito dice que va a por etapas.

Y ahora varias preferencias. Estamos muy atentos a la suerte de ciclistas que nos encandilan por muchos motivos: Jean Christophe Peraud, Greg Van Avermaet, Elia Viviani y en menor medida, porque estarán supeditados Geraint Thomas y Nico Roche. Las llegadas se prevén singularmente atractivas –sobre todo la londinense por lo que implica- con el tridente Kittel,Cav y Greipel más Démare, presionado por la decisión de su equipo sobre él en detrimento de Bouhanni, llamando a la puerta. No obstante el paso por UK seguro que tendrá un color, el de Orica y su pléyade de perros viejos, hablemos de Albasini y Gerrans, con la obligación de olvidar el penoso positivo de Impey.

Ya ven, es el Tour, aquello que trasciende a lo humano y ciclísticamente normal. Este año promete, espero esté a la altura.

Imagen tomada de noticias.lainformacion.com

INFO

¿Sabías qué?

1.poweb

En total, este año los ciclistas que compiten en el Tour consumirán 13.700 barritas Energize y 15.400 PowerGel, además de 10 millones de litros de bebida isotónica Isoactive Sports Drink y alrededor de  530 dosis de batido de recuperación Recovery Drink.

El Tour muestra cada año a los mejores ciclistas del mundo, disputando 21 etapas y recorriendo más de 3.600 kilómetros, manteniéndose en sus bicicletas hasta seis horas al día, y consumen un promedio de más de 5.000 calorías por etapa“, nos dijo Frank Jiménez, PowerBar Global Business Head.

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