El eterno lastre del ciclocross

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Atmósfera de ciclocross. Dicen que en Bélgica ya han caído las primeras heladas y asomado los primeros copos. El invierno llega, tarde, pero llega y envuelve el ambiente del ciclocross de su espesura helada trenzada con ese ambiente que atufado a frito.

Este primero de noviembre tiene lugar una de las carreras más bonitas de la temporada, es el Koppenbergcross, el vértice donde se tocan dos modalidades, carretera y ciclocross, un sitio prendado de magia, que tiene miles de afines cada año que lo visitan, atraídos por la leyenda de De Ronde y aquel atropello de Jesper Skybby hace unos treinta años.

En el Koppenbergcross suben el estrecho muro de adoquín de Oudenaarde las veces que se puedan hacer en una hora, más las campas aledañas donde se congregará una multitud, mal agolpada en lomas, para ver malamente, muchos de ellos, una carrera que se puede seguir sólo con el calambre de sonido que corre de garganta en garganta cada vez que pasa un ciclista por el sendero.

La carrera no es Copa del Mundo, pero es representativa de la locura que mueve esta modalidad en ese país que todos miramos con regusto de envidia, por ser auténticamente tan ciclista. Un país por cierto que en breve vivirá otra cita emblemática, los Seis Días de Gante, donde un día lloramos la pérdida de Isaac Gálvez, pero que cada año es un espectáculo ver.

El Koppenberg como digo es un escaparate tremendo del ciciclocross belga, que es casi lo mismo que decir mundial. Una carrera cuyo palmarés habla por sí solo, pues ha caído en manos del mago Sven Nys nueve veces, siete de ellas de forma consecutiva. Aquí han ganado también Bart Wellens, Mario De Clerq e incluso Wout Van Aert, en un territorio ideal para él, más pestoso y duro, alejado de ese perfil de verso libre que es Van der Poel.

Wellens, Nys, Pauwels, Meeusen,… con grano entre la paja del palmarés de la carrera. Especialistas en toda su dimensión, corredores entregados al CX a tiempo completo, algo que tiene un mérito tremendo, pues como vemos los dos grandes talentos del momento, Van der Poel y Van Aert trabajan con el horizonte en la carretera.

Y es que el ciclocross ve quemar generaciones, pasar estrellas, idolatrar competidores sin solución de continuidad y con la idea de un día volar hacia metas más sostenidas en el tiempo y apetitosas en lo económico. Las dos jóvenes estrellas tienen la hoja de ruta que un día sostuvieron Zdenek Stybar o Lars Boom, produciéndose esa tremenda paradoja de ver un ciclocross grande, multitudinario incluso hasta sofisticado como el belga que no es capaz de retener sus grandes nombres en exclusiva.

La modalidad de invierno convive con varios problemas, el pastel económico no es grande para mantener a full un circo que dura unos cuatro meses, un tercio del año tan solo, y sigue muy centrado en Bélgica, Países Bajos y poco más. Pero si una Copa del Mundo en UK duró solo una edición, y eso que atrajo a no poco público.

La penitencia del ciclocross seguirá como tal por los tiempos de los tiempos, y tendremos que acostumbramos a cambiar de ídolos cada tres o cuatro años, casi de forma completa sin más expectativa que un día la modalidad dé el salto, un salto que a mi juicio tiene nombre y apellidos: Juegos Olímpicos de Invierno.

Imágenes tomadas de twitter y Youtube

INFO

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