Evans, Wiggins y otros que sienten un profundo respeto por el ciclismo

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El otro día comentaba con un amigo las bondades del nuevo plan de trabajo que el ciclismo anglosajón quiere implantar. Éstas se podrían resumir en varios conceptos, si bien un sustantivo sirve para calar el personal es seriedad. Sí, seriedad por el método que imponen, por las circunstancias ajenas al azar que disponen en cada caso. Seriedad por lo meticuloso de su trabajo. Seriedad por que a cada paso ponen el medio para que el fin se factible. Seriedad por que su apuesta es integral, nació de otras disciplinas y la exportan a la carretera, ahí donde parece que desemboca todo lo relativo a este deporte.

Ahora bien, y aunque hemos sido muy críticos muchas veces con algunos de sus actores, si los resultados no acompañan este modus se podría ir perfectamente a freír espárragos. Sin embargo parece que funciona, que la metodología que los ingleses aplicaron a la pista se instala cual rodillo sobre el asfalto, y lo celebramos. El escepticismo que rodeó al Team Sky con su flota de modernidades en su primera temporada fue caldo de cultivo para pensar en un fracaso a las primeras de cambio, pero no, parece que estamos ante un proyecto de largo recorrido, con afán de recicle, aplicando ese concepto tan anglosajón de mejora continua.
Wiggo, un pop star en cuerpo de ciclista
Sea como fuere estas aptitudes se aplican en base a personas concretas, y aquí, en estos lodos, sólo podemos hablar de ciclistas, que como en todo en la vida, se toman, según de quien se trate, las cosas con más o menos profesionalidad. Bradley Wiggins es uno de nuestros hombres en este análisis, sí. El vigente campeón olímpico de persecución es la materialización de todo lo que venimos comentando. Su fisonomía ha permutado hacia la casi estampa famélica, con una triste figura donde la delgadez extrema es el rasgo que más nos despierta la admiración. Con esos mimbres, con esos finos alambres que bate como piernas, Wiggins ha dado el giro radical que la vida deportiva le otorgó cuando tuvo a bien ser cuarto en un Tour. Ahora ejerce de poderoso caballero más allá de julio, demostrando respeto por cada organizador por el que se pone un dorsal, como hizo en la pasada Vuelta. En su disciplina se incorporan algunos compañeros de antaño como Geraint Thomas, otro extraordinario ciclista, de estos que cuesta definir, y cuyo sino sólo puede ser el éxito.
En el BMC tenemos a Cadel Evans, otro corredor que como muchas veces he oído, sobretodo desde que ganó el Tour, pues antes todo eran pestes, honra el ciclismo como nadie. Ahí tenemos ese primer triunfo que firmó en el Criterium Internacional hace dos días. Evans es terco, ajeno a la pulcritud, pero destila categoría humana sobre la bicicleta, sacrificio, valores desprovistos hoy en día pero que también ejercita Levi Leipheimer.
Pero no seríamos serios si sólo en el círculo angloparlante inscribimos este sentido del decoro, pues Vicenzo Nibali es otro de los que me gustaría añadir a esta tan subjetiva lista. El italiano, con mayor o menor acierto, es otro de los perennes a lo largo de la temporada, incluso su joven aprendiz Peter Sagan, igual que Alejandro Valverde o Alberto Contador, al margen de sanciones actuales, futuras y retroactivas. Joaquim Rodríguez también acostumbra a poner toda la carne en el asador. Obviamente Sylvain Chavanel se ubica aquí desmintiendo de paso esa fama de descuido que rodea a los mejores franceses estos últimos tiempos. Esas imágenes estereotipadas se rompen. 
En definitiva, pocos pero excelentes ciclistas que cuando presencian la carretera cortada para ellos y atraviesan su maillot con el alfiler del dorsal saben que su ser o no ser se juega durante los siguientes instantes. Lo hacen por convencimiento, por decoro, por amor a su ciclismo

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2 COMENTARIOS

  1. Amor al ciclismo? Contador??? si de siempre ha sido el 25 de julio, colgar el dorsal y hasta la París-Niza. Dijo que nunca más iba a correr en las Árdenas…eso es amor al ciclismo? Contador ama el tour, nada mas

  2. Entiendo por amor al ciclismo aquel corredor que colgándose un dorsal nunca renuncia a competir y sí a entrenar indisimuladamente a gastos pagados por las cada vez más empobrecidas organizaciones

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