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Aru & Plaza, virreyes de Guadarrama

Puertos de Guadarrama - Fabio Aru JoanSeguidor

Ciclismo antiguo

Aru & Plaza, virreyes de Guadarrama

Aru & Plaza, virreyes de Guadarrama

Cerdanya Cycle

Este artículo forma parte de ‘Historias de la Sierra de Guadarrama’, serie producida a propósito de la marcha cicloturista ‘Desafío Puertos de Guadarrama by Movistar’, una prueba inspirada en las grandes gestas del ciclismo que han tenido lugar en este enclave único de la geografía madrileña y segoviana.

Veinte etapas, subidas, cronos, llegadas peligrosas, una etapa vertiginosa en Andorra, miles de circunstancias y peligros, pero La Vuelta llega a Guadarrama con todo por decidir.

La vigésima etapa de La Vuelta de 2015 salía de San Lorenzo del Escorial y moría en Cercedilla, cerca en el mapa, pero lejísimos en el itinerario de La Vuelta. De donde el enorme monasterio, cuya planta en forma de parrilla recuerda el tráfico final del santo, salía una etapa que, situada al final de la carrera, cumpliría con la fama que precedía a Guadarrama.

Cuatro primeras figuraban desafiantes al pelotón. Cuatro primeras que simulaban un bucle sobre el papel en una jornada casi simétrica.

Navacerrada y Morcuera de inicio, y a la vuelta lo mismo, pero al revés, Morcuera y Cotos, anterior al falso llano hacia Navacerrada, de donde el pelotón bajaría a Cercedilla.

Cruz – LEadboard2 Post

Guadarrama, el día anterior de Madrid, el sitio preñado de leyendas y roto por la tradición, un lugar que vio vuelcos imposibles, jornadas memorables, días para la retina. Un lugar que no volvería a decepcionar.

Puertos de Guadarrama - Pelotón JoanSeguidor

Foto: Unipublic/Miguelez

Lo que Tom Dumoulin pasó en Guadarrama

De salida, Tom Dumoulin vestía orgulloso un maillot de líder que se asentaba sobre una extraordinaria contrarreloj en Burgos, acabando en los mismos contrafuertes de la catedral, y una numantina resistencia en la montaña.

Pero la suerte de Dumoulin no estaba aún dictada. A seis segundos, amenazante, un ciclista que no conoce la expresión bajar los brazos: Fabio Aru. El sardo, todo casta y posición imposible sobre la bicicleta, es una suerte de martillo pilón que mina la resistencia del rival a base de emplearse al 110%. Siempre un punto más allá. Para hacer caer a sus contrincantes en un pozo mitad desesperación, mitad agotamiento.

Por eso y por una mala estrategia, Tom Dumoulin sabría qué peajes cobra Guadarrama para ganarse su favor. Desde las primeras ascensiones, es notoria la falta de gregarios con el líder. Muchos asienten, no es un buen síntoma.

Puertos de Guadarrama- Luisle y Aru JoanSeguidor

Foto: Unipublic/Miguelez

En el lado contrario, Aru lleva la carrera encendida, sobre todo en el segundo paso de la Morcuera. Dario Cataldo, Mikel Landa y Luis León Sánchez son los celestes que acompañan al sardo hacia su ataque definitivo.

Dumoulin flaquea y Landa no para de acelerar. La cuerda se rompe no lejos de la cima, el neerlandés cede. Ya en el alto pierde veinte segundos, el maillot rojo es virtualmente de Fabio Aru.

Pero Dumoulin tiene una opción, un hilo de vida en medio de tanta hostilidad. Acabado el descenso de la Morcuera, camino de la base de Cotos, hay una efímera transición. Los ve, los tiene ahí, es una recta ingrata y cruel, pero corta, excesivamente corta, porque pasa de atisbarlos y tocarlos, a perder la estela cuando la carretera se empina hacia Cotos.

Dumoulin perdería la Vuelta en Guadarrama.

Aru ganaría la Vuelta en Guadarrama.

En la meta de Cercedilla, el italiano bate el brazo en lo alto sabedor de que ha ganado su primera grande. Ha resistido, ha insistido y ha decantado la balanza a su favor. A su lado entra Joaquim Rodríguez, quien acabará segundo, con la casi certeza de que vivía los últimos kilómetros de su carrera en La Vuelta.

Puertos de Guadarrama - Rubén Plaza JoanSeguidor

Foto: Unipublic/Miguelez

El día por eso fue de virreyes, porque la alegría de Fabio Aru fue sazonada por el héroe de Guadarrama aquella tarde derretida de calor. Cuando no se había ni cumplido la primera hora de carrera, ya empezaba a sonar Rubén Plaza en la narración de la jornada.

Su nombre ya salía en los reportes de los escapados a 130 kilómetros de meta, urdiendo sigilosamente su plan, un plan que Hansen, Dani Navarro, Vorganov y Moreno Moser, entre otros, no podían imaginar.

Así las cosas, Rubén Plaza, entonces enrolado en el Lampre, y ganador de la etapa de Gap del anterior Tour, abrió el tarro a 114 kilómetros de la meta en Cercedilla, es decir, a cuatro de coronar la Morcuera. Al alicantino aún le quedaba subir la propia Morcuera otra vez por el otro lado, tras un llano por el altiplano de Soto del Real, el regreso hacia meta pasando por Cotos y el falso llano de Navacerrada.

Una “bendita locura” que partió la carrera en dos: lo que ocurría entre los capos de la general y la travesía de Plaza por los campos al norte de Madrid manteniendo a raya un grupo numeroso de persecución en el que no iban precisamente cojos.

Tras nadar y nadar por los océanos de Guadarrama, Rubén Plaza tenía tiempo suficiente para celebrar y darse cuenta de lo que había realizado: una machada de 114 kilómetros en solitario.

La Vuelta terminó resolviéndose en el camino que acaba de dejar el ciclista nacido en Ibi, con un grupo y un pelotón absolutamente destrozados, y las leyendas de Guadarrama viniendo al presente, todas de golpe y sin previo aviso.

Perico, Aru, Menchov o Bugno ya escribieron su historia en Guadarrama, escribe tu propia historia haciendo clic aquí.

Imagen: Unipublic/Graham Watson

 

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