Faltaba Rufino para aplaudir a los mejores

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Permitidme una apreciación totalmente subjetiva, y como tal con riesgo de estar alejada de la realidad. Viendo la ceremonia que coronó a ese enorme ciclista que considero Jesús Herrada, aprecio la decepción como pocas veces se hace tangible en la persona del subcampeón, Jon Izaguirre. No sé si es por tener un título tan bonito como éste tan cerca o por la carga moral que para los hombres de Eusklatel significaba la carrera de Bembibre ante la pérdida de Rufino, pero ver a Jon me encoge el alma. Es la imagen y espejo de la tristeza y el mejor testimonio de que en el equipo naranja se van a  dejar el aliento para darle a su recién fallecido masajista un triunfo en la mejor carrera del mundo que arranca en nada. Vamos chicos, va por Rufino.

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