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¿Cuánta felicidad nos proporciona la bici?

Opinión ciclista

¿Cuánta felicidad nos proporciona la bici?

¿Cuánta felicidad nos proporciona la bici?

Santa Fixie LDB

Anotad en una libreta cuánta felicidad os regala la bicicleta y quizá os llevéis sorpresas

Pensaréis qué preguntarnos ahora, y en este momento, si somos felices montando en bicicleta puede parecer una perogrullada, tan obvio como que ahora estamos leyendo estas líneas.

Pero si algo nos gusta este cuaderno es abrir la página a preguntar sobre alguno de los muchos caminos que llevan a esos destinos en los que el ciclismo y el turismo, unidos de la mano, seducen de tal manera que nos sumergen en ese estado de dicha, esa sensación única que experimentamos de bienestar y satisfacción al hacerlo con nuestro propio esfuerzo.

En una palabra: felicidad.

Berria Junio

Pero no por elemental hemos de dejar de recapacitar que nosotros somos recuerdos, y que vivimos de ellos, por eso nuestros deseos van encaminados a que nuestras vivencias sean lo más gratas posible.

¿Acaso no somos felices cuando recordamos aquellas maravillosas vacaciones o aquel día tan inolvidable, aquella fecha tan señalada que quedará para siempre grabada en nuestra memoria?

Puede que aquellos momentos pasaran más rápido o más despacio, felices experiencias que evocamos muchas veces como fogonazos en nuestras mentes, como destellos de felicidad intentando revivir aquellas emociones.

Muchas veces no acertamos en ponernos en nuestra misma piel de aquel día para intentar sentir lo mismo y trasladarnos a aquel momento de felicidad.

No es lo mismo y por eso intentamos ser felices buscando siempre nuevas sensaciones.

La felicidad viene en bicicleta

En nuestro caso, los que montamos en bici, cicloturistas que vamos a la búsqueda de la felicidad en nuestras salidas cotidianas o extraordinarias…

¿Cuántas veces recordamos durante el año lo que disfrutamos sufriendo en aquel puerto tan duro o en aquella marcha tan épica?

Sin embargo, nos queda la extraña sensación de que aquello pasó muy rápido, que el disfrute sólo duró un instante, aunque quedó grabado en nuestra memoria, como consuelo de felicidad, el recuerdo de aquella jornada para poder decir: «lo hice, y el año que viene repito».

Pero sigamos escrutando en los misterios de la felicidad de la bicicleta.

Después de lo expuesto, parece claro que existen de dos tipos si la aplicamos, tal y como estamos haciendo, a nuestras experiencias encima de la bici.

Por un lado tendríamos la felicidad instantánea que nos produce el mero hecho de salir ahí afuera con nuestras bicicletas, y por otro, la memoria de la felicidad, que determinará, en términos generales, en qué grado de la escala del bienestar estamos.

Así, podríamos decir, que sólo encajando nuestras zapatillas en las calas ya somos felices.

Y esto dice mucho de nuestra pequeña reina.

Además, son tantos los momentos de felicidad que nos produce que los podríamos ir apuntando a cada instante.

Por poner algunos ejemplos: notar la brisa fresca en nuestra cara, sentirnos libres para ir adonde sea, el reencuentro con nuestra grupeta, los saludos de nuestros amigos, ponerse en marcha y sentir la velocidad, el ascenso a un gran puerto, compartir una ruta maravillosa, el reconfortante descenso, el almuerzo entre batallitas con los colegas, el retorno atravesando bellos paisajes, la satisfacción de llegar a casa con una sonrisa de oreja a oreja, cansados pero muy contentos…

¿Seguimos?

En efecto, son muchos los instantes de felicidad que nos produce el montar en bicicleta y podríamos poner en marcha un pequeño experimento: se trataría de ir apuntando en una libreta todas esas pequeñas y grandes dosis de felicidad que vivimos cuando salimos en bici.

Podemos hacer la prueba en un día en concreto, o en toda una semana o todo un mes, o por qué no, durante toda una temporada completa, anotando siempre nuestros sentimientos y emociones que experimentemos en todo momento.

De esta manera, si hacemos balance y les vamos poniendo notas a esas vivencias del 1 al 10, nos ajustaremos bastante a la realidad de cuán felices somos como respuesta a la pregunta de por qué disfrutamos tanto montando en bicicleta.

Una media sencilla por jornadas, durante el período elegido, nos daría una aproximación a nuestra nota de felicidad en bicicleta, que podría ser desde un sencillo aprobado (poco, no me lo creo), un bien o un notable (¡no está mal!), hasta un 9 ó 10 de puntuación (¡¿tanto?!) que reflejaría de manera muy clara si disfrutamos sufriendo o sufrimos disfrutando.

Es lo mismo.

Y también, ¿qué decir de la satisfacción que nos da ya no sólo el hecho de vivir una o varias experiencias en formas de montañas de felicidad, sino además el de poder explicarlas luego, ya no sólo a la familia, también a amigos o compañeros de trabajo?

Slow cycling

Eso también es felicidad, porque contándolas reviviremos esos momentos y, todo hay que decirlo, con un punto de anti-modestia, presumiremos de nuestras hazañas delante de ellos, pero sin llegar a ser globeros, por favor.

Llegados a este punto, podríamos proponeros un interesante juego para comprobar lo gratificante que es rellenar de buenos recuerdos nuestra memoria, si bien de nuevo os pueda parecer muy básica la idea, nos hará comprender de inmediato hasta qué punto vivimos de ellos.

La propuesta sería que pudierais elegir cualquier destino en el mundo, a placer, cualquier país, para disfrutarlo en bicicleta, ya sea en Pirineos, Alpes, Dolomitas o por qué no, los Andes y hasta el Himalaya, ascendiendo o descendiendo puertos, escalando o desescalando (término que parece se está poniendo de moda), ciclando por maravillosas rutas por Islandia, Escocia o Nueva Zelanda, por poner algunos ejemplos para hacernos la boca agua.

Lo tendríais todo pagado, durante quince días, viaje, estancia, comidas… sólo os preocuparíais de pedalear y ser felices.

Sólo os pondríamos una única condición, «sólo» una: disfrutaríais mucho, seríais muy dichosos, pero no podríais hacer ni una sola foto, ni a la vuelta contar nada a nadie, ni presumir en vuestras redes sociales de estas vacaciones, es más, como si se tratara de un botón automático, al llegar a casa no recordaríais nada de lo vivido, esta experiencia no quedaría grabada en vuestra memoria.

La pregunta es…

¿haríais igualmente este viaje?

Endura LDB Summer 2019
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