Flecha, Juan Antonio Flecha

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El mes de febrero siempre es especial para Juan Antonio Flecha. Así viene siendo desde hace años, desde que se postuló entre los mejores clasicómanos del mundo. Febrero es el mes de capilla, de los nervios de saber si el trabajo está siendo bueno. Este año ya le hemos visto trabajando para Cav. Muchos jefes se la adivinan este año en Sky, su perfil de potro trotón le hará ser requerido más de una vez. Desde el Tour poco sabemos de él. Al final, el cabreo propio del atropello tuvo que tragárselo, por recomendación expresa, parece, de su propio equipo. En fin.

Debutante el año 2000, encontró rápido el camino del éxito mediático y deportivo. El primero ya en sus primeras carreras, porque rara era la ocasión que no se le veía escapado. Este ciclista nato en Buenos Aires pero catalán de adopción creció en las huestes de la Escola Catalana de Ciclisme, siendo un buen pistard en años mozos y sabiendo que el manejo de la bicicleta se adquiere en peraltes y velódromos.
Roubaix, lugar de culto
Al año de entrar en pros encontró sus primeros triunfos, en las extintas Bicicleta Vasca y Vuelta a Aragón. Al año dio el salto de calidad ganando aquella tórrida jornada de Toulouse en el Tour. Hizo entonces memorable aquello del arquero, una especie de pique con las pistolas de su amigo Hermida, muchas veces compañero de palizas por las montañas que circundan Puigcerdà.
Fue en 2004 cuando esas anunciadas intenciones de ser grande de las clásicas tomaron forma en las carreteras. Un doblete de prestigio firmado entre Zurich y Lazio corroboró que lo suyo, a pesar de ser español, eran las clásicas. Ahí se destapó lo que esas piernas debían dar de sí abrillantando un sentido del triunfo que con los años le costaría encontrar. Flecha con 27 años estaba preparado para las grandes citas. Al año fue el más fuerte camino de Roubaix, aunque su legendaria, por ausente, punta de velocidad le dejó en el tercer peldaño del velódromo. Desde entonces fueron varios los cajones que visitó entre Roubix, Flandes, Wewelgem y Het Nieuwsblad hasta que ganó esta última.
A pesar de ser una rareza geográfica, como Freire, Lastras, Valverde, Samu, Rojas, Luisle,… cada vez son más, a este indescifrable ciclista de Sitges se le supone el carácter de pionero que en cierto modo se ha arrogado. Cada año cuando se escribía de la primavera, había que consultarle a él. Le costaba en un principio, pero luego soltaba la lengua e imaginación describiendo las batallas de Arenberg. 
Flecha abrió un camino que no sabemos cómo cuajará pero al menos tuvo la valentía de emprenderlo, en unas circunstancias que no resultaban sencillas pues afincado en Banesto a poco que lo hubiera granjeado con gracia se podría haber perpetuado como otros sí que hicieron. Él quiso, al menos, ser consecuente con sus palabras, y quiso de la mano de Ferreti hacerse el buen ciclista que es hoy.
Sin embargo la suya no ha sido siempre la carta ganadora de su equipo, y ello le ha pesado en más de una ocasión. En Rabonank por ejemplo no tuvo una fácil convivencia con Langeveld por ejemplo e incluso le situaron cerca de Nuyens. Esa compleja red de complicidades, no siempre bien entendidas, parece que será una de las tónicas de su Sky en la presente campaña, más cuando muchos de los que citaremos convencen por su poder rematador. Y es que la la compaña de ciclistas como Boasson Hagen, Barry, Hayman, Swift e incluso Eisel no es ciertamente la que el buen ciclista de raíces argentinas hubiera deseado. Un año más le tocará postularse. 

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3 COMENTARIOS

  1. Una pequeña correción es de Junín, Provincia de Buenos Aires. Puede confundirse con la capital de Argentina.Lindo post, igual creo que mas alla de la Het Nieuwsblad no creo que su equipo le deje mucho rol protagonista. Dependerá que hará BH, Eisel y en algún caso hasta Cavendish.

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