Flecha Valona, la contracrónica

0
4
vistas

En verdad hemos quedado impresionados por la victoria que acaba de alcanzar nuestro representante Alejandro Valverde en la tradicional clásica Flecha Valona, una competición de alto rango internacional que vale todos nuestros respetos. La baza victoriosa se jugó en el último y decisivo kilómetro, en el tradicional Muro de Huy, un punto de indudable trascendencia por su tortuoso trazado.

Aparte de Valverde (1º), victorioso en un alarde magnífico de fuerza, es justo destacar igualmente el papel desempeñado por otros dos españoles que si situaron entre los primeros en la clasificación final. Ahí estuvieron también con todo honor, Joaquim Rodríguez (4º) y Daniel Moreno (5º). Tres puestos conquistados entre los cinco primeros, una cifra que salta a la vista y que es de mérito, y más si señalamos que en la línea de salida, localizada en la población de Waremme, nuestra representación contaba con tan sólo dieciocho unidades frente a una totalidad de nada menos 199 concurrentes.

Mandados de oficio que controlaban la situación

La prueba que constaba de 205 kilómetros tuvo sus alternativas, pero teníamos el convencimiento de que los ciclistas favoritos no saldrían de sus casillas hasta adentrarse en la postrera cuarentena de kilómetros. Lo que pudiera suceder con anterioridad no se consideraba un factor de importancia o de tono decisivo. Efectivamente, previa la hora de la verdad, la pólvora la encendió un grupo integrado por siete hombres del pedal de poco nombre, pero con ganas de darse siquiera a conocer por unas horas.

Su ventaja sobre el pelotón llegó a la cota máxima de alrededor los siete minutos, ventaja que a medida que nos acercábamos a la meta de la localidad de Huy fue disminuyendo paulatinamente hasta morir sin gloria. El gran grupo no estaba dispuesto a conceder favores. Los peones de brega, léase gregarios, seguían al pie de la letra las consignas dadas por los respectivos directores técnicos, que estaban atentos a todos los movimientos de va y viene del gran pelotón. Los sirvientes no hacían otra cosa que cumplir órdenes.

El equipo estadounidense BMC Racing Team, que protegía con rigor a su capitán Philippe Gilbert, vencedor de la edición del año 2011 y campeón del mundo de fondo en carretera para profesionales al año siguiente, uno de los favoritos, se vio obligado a desistir en sus propósitos de victoria ante una aparatosa caída sufrida a 50 kilómetros de la llegada. La misma suerte tuvo el británico Chris Froome, alterado por otra caída maldita, cuando faltaban por cubrir una docena de kilómetros.

El Muro de Huy puso las cosas en su punto

Todos, los que veíamos la carrera, nos quedamos con la incógnita por saber tal como terminaría la cuestión ante la silueta inconfundible que se nos acercaba: el temido Muro de Huy, que se transitaba por tres veces en esta jornada un tanto festiva plagada de miles y miles de aficionados apostados al borde de las carreteras. En Bélgica, todos lo sabemos, las gentes sienten un especial delirio por el deporte de las dos ruedas.

El citado muro tiene una pendiente pronunciada y tras salvar acusadas curvas o revueltas se llega a una colina de 204 metros a costa de superar trazos con un desnivel del 26%, una tachuela que se hizo sentir. Allí estaba la decisión justiciera. El grupo delantero había quedado un tanto restringido por la dureza del momento, surgiendo en plan explosivo el belga Wellens, espoleado de cerca por el italiano Caruso. Se subiría el muro de Huy por última y decisiva vez.

El acertado golpe de Valverde

Valverde está demostrando ser un ciclista sorprendente por su edad y que posee dotes suficientes para brillar en cualquier clásica de un sólo día o bien incluso en la pruebas de largo kilometraje, léase por etapas. Nos recuerda, por la manera propia que tiene de desenvolverse, a aquel malogrado ciclista mallorquín de otros tiempos, Antonio Gelabert, que tenía un pedalear en última instancia muy eficaz y positivo. Podríamos exponer aquí varios episodios de valía fraguados por aquel inolvidable ciclista. Tuvimos oportunidad de mantener una loable amistad. Era muy entendido en materia ciclista. Siempre nos hablaba de tácticas y otras razones aplicables sobre el asfalto de las carreteras. Sabía lo que se llevaba entre manos. Poseía una inteligencia práctica.

Tras este meritorio triunfo de Alejandro Valverde, conseguido de manera holgada y hasta fácil en vigilia de cumplir la edad de 35 años, una realidad que tendrá lugar el día 25 de este mes de abril, se clasificaron el francés Julian Alaphilippe (2º) y el suizo Michael Albasini (3º), que en el fondo constituyó una sorpresa casi mayúscula.

La Flecha Valona y las estadísticas

Esta vez la prueba citada cumplía su 79ª edición. Su primer vencedor se remonta al año 1936, con la victoria del flamenco Philémon De Meersman, que procedía de familia aristócrata y bien adinerada. Tan sólo ha habido cinco ciclistas que han marcado un hito histórico al ganar, al dominar, en tres ocasiones esta competición de campanillas. Se trata de los belgas Marcel Kint (1943-1944-1945) y Eddy Merckx (1967-1970-1972); los italianos Moreno Argentin (1990-1991-1995) y Davide Rebellin (2004-2007-2009), y precisamente adicionamos ahora al español Alejandro Valverde.

Por Naciones, hay que decirlo, se lleva la palma Bélgica, con 38 victorias. Por detrás, registramos a Italia, con 18; a Francia, con 8, y a España, con 5, triunfos que se deben a Igor Astarloa (2003), Joaquín Rodríguez (2012), Daniel Moreno (2013) y Alejandro Valverde (2006-2014-2015). Así queda nuestro cuadro y al mismo tiempo nuestra satisfacción.

Así termina el contenido que encierra esta clásica veterana, revestida de cierta dureza en virtud de los once muros que los ciclistas a modo de pesadilla debieron salvar a lo largo de su intrincado itinerario, un itinerario sumergido en la región de las Ardenas, un lugar que turísticamente hablando, vale la pena visitar por sus importantes vestigios históricos, especialmente por la huella que dejó allí el rey de España, Carlos I, y al mismo tiempo emperador de Alemania con el nombre de Carlos V. Aún se conservan algunos castillos medievales que enaltecen a aquellos paisajes cubiertos por extensas superficies de verde e innumerables montículos que aparecen en verdad como sendos vigilantes de la zona.

Por Gerardo Fuster

Deja un comentario