La depreciación de los hermanos Schleck

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La jornada de Tour se aliñó con una noticia cuanto menos sorprendente. Frank Schleck es despedido del Radio Shack a muy pocos días de volver a la competición después de su sanción por el positivo del Tour del año pasado. En su tercer y último año en el pelotón la firma norteamericana vuelve a sorprendernos con un golpe de efecto que sinceramente no se explica, en caso de que nadie nos argumente las verdaderas razones de este cese fulminante una vez aguantaron el muerto en el armario casi doce meses y éste estaba a punto de volver, con la Vuelta a España en su objetivo, vamos como en 2010 cuando fue séptimo, un puesto acorde a sus terribles limitaciones.

Veamos, dos años después de pisar el podio del Tour de Francia y firmar el singular logro de ser los primeros hermanos en coincidir en espacio y tiempo en el más preciado cajón, ambos están en la picota de la peor manera. Frank fuera y Andy corriendo un Tour en el que no sabe muy bien a qué aspira –sentirse ciclista sería un objetivo coherente- a sabiendas de que han prescindido de su hermano.

Que los Schleck han hecho méritos para que el mecenas americano y Flavio Becca hayan acabado hartos de ellos es un hecho. Profesionalidad en cuestión constante, tácticas de carrera penosas, un positivo, una lesión mal curada y eterna,… con la cantidad de gente que hay a la espera de tener una oportunidad es como insultante ver la carencia de luces de esta saga.

El desenlace aunque previsible desde luego se ha adelantado varias estaciones. Cuando estos días se ha hablado de la continuidad de la estructura con Trek, sólo Fabian Cancellara, parte del núcleo duro de los luxemburgueses desde hace mucho tiempo, ha sonado en la rebautizada estructura. De los dos parientes nada se dijo. Frank dice que quiere seguir al lado de su hermano, cuando se ha demostrado que es la compañía más nociva que pesa sobre la espalda de Andy.

Sólo recordar las ediciones de 2010 y 2011. En la primera con Frank en casa retirado, Andy puso contra las cuerdas Alberto Contador, dio espectáculo y corrió con sentido de campeón. Al año, con Frank comiéndole la oreja, un ciclista de calidad y talento muy limitados como Cadel Evans les comió la tostada.

De lo que no cabe duda es que esta estirpe es paradigma de nuestros tiempos. En un lapso récord pasas de estar arriba a ser un don nadie. Habrá que ver dónde acaban estos dos ciclistas centroeuropeos, encontrar sitio es sencillo, el problema es saber a qué precio.

 

 

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