Froome sí sabe lo que es compromiso

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De Chris Froome hemos dicho muchas veces que nos encanta. Nos gusta su forma de ser, tan distante al tiempo que cercano, su forma de gestionar los tiempos. Es la gota de humildad en un equipo que rezuma medios. Es un ciclista de largo alcance, con grandes mteas, pero sobretodo que disputa todo lo que correr como si la vida le fuera en ello.

Froome fue partícipe de una de las grandes pifias de los últimos años, partícipe y cómplice. La salida del Team Sky en la segunda etapa de los Pirineos, por Sabiñánigo, es indiga de un equipo que acaricia la excelencia y abre las puertas al más difícil todavía. En más de seis años de trayectoria el Sky ha logrado grandes cosas, entre otras cuatro Tours de siete posibles, sin embargo se ha perdido en proyectos más modestos. No puede con el Giro, ni con la Vuelta y los monumentos le han sido esquivos hasta este año.

Pero a los grandes campeones se les exige un plus. Ganadores hay muchos en la historia, ciclistas que un día pisaron el peldaño más alto de lo que nunca más se supo. De esos hay muchos, y sin desmerecer pasaron a la historia de perfil. Chris Froome no entra en esa categoría. Al menos nosotros nunca le hemos metido en ese saco.

Mientras David Lopez admitía el hartazgo existente con los machacones recorridos de la Vuelta, auténticos “mata hombres” en septiembre, Froome dijo que la Vuelta le encantaba y que él estaba aquí para ganarla. Digerir lo Formigal debió ser un sapo curioso. La reprimenda a sus compañeros, completamente desconectados al albur de un grupo que por numeroso no iba a ser expulsado, tuvo que estar a la altura de lo que Froome demostró camino de Calpe.

Froome ns ha dado la crono del año, y eso no es sencillo, entra en competencia con grandes en la materia, como la de Dumolin en el Tour o la exhibición olímpica de Cancellara. Esta las supera porque es el renacer de la leyenda de los campeones, del elixir de quienes se levantan tras se revolcados en el barro, que fue lo que le pasó a Froome en Formigal.

Ahora, a escasas 24 horas de pisar La Castellana, la Vuelta vuelve a asegurar un final de infarto. Felicidades Guillen y cía, tenéis lo que buscabais, aunque por el camino nos hayamos llevado algún disgusto, pero es lo que hay, a la Vuelta le suele salir bien. Este díptico de crono y Aitana se entente como uno, igual que Aubisque y Formigal. Si en los Pirineos en Francia se cocinó lo que pasó en terreno oscense, creemos que la crono es la piedra para lo que pase en Aitana, terreno coronado por pasos militares, gente de orden y honor.

Este sábado, cuando el sol se esté poniendo en las colinas del levante español habrá nuevo líder de la Vuelta. No creo, digo, no creo que Nairo pierda la carrera, pero lo que tiene delante intimida, es Chris Froome, el campeón con todo a favor siempre que ha demostrado rehacerse de sus pedazos, bueno Froome y el Orica, un equipo que morirá matando y Contador, Alberto Contador, el ciclista que si no gana se lleva alguno por delante. No escatimará. Eso siempre lo lleva consigo.

Imagen tomada del FB del Team Sky

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La Vuelta por terreno de Hoteles RH

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