¿Fue Nibali el único culpable?

1
4
vistas

Mucho se ha escrito en el transcurso de estos días acerca de la expulsión del italiano Vincenzo Nibali de la Vuelta a España, que era considerado en el cartel como uno de los favoritos principales. No tenemos ninguna duda en afirmar categóricamente que la sanción impuesta ha sido más que justa, cumpliendo con las reglas que dictan el reglamento que ampara la ronda española. No hay vuelta de hoja. La ley debe acatarse a raja tabla ¡vaya expresión! Hay puntos que pasan desapercibidos a la luz de las gentes a raíz de una tolerancia más o menos consentida y a la cual estamos un tanto acostumbrados a incluso admitir, lo cual no procede en buena lid.

Ante todo hemos de afirmar que el máximo culpable de este suceso recientemente ocurrido fue el conductor del coche que tenía una alta responsabilidad y un suficiente nivel para acatar la norma deportiva. La peor carga, sea una cosa u otra, ha recaído de todas a todas sobre el corredor transalpino que perdió la cabeza ante el frenesí explosivo e inesperado surgido en un momento vital de la carrera. Nada de nuevo. Las carreras ciclistas encierran muchos nervios y muchas controversias que nos llegan por todas partes y que hemos de soportar con cierto estoicismo.

A la vista de lo que se acaba de acontecer y que ha supuesto un acontecimiento de gran difusión periodística, nos podemos por menos que preguntarnos qué es lo que verdaderamente suele acontecer cuando fortuitamente algún ciclista sufre un accidente en ruta o un simple pinchazo en plena competición. El interfecto se pone en acción viva para tratar de recuperar a toda costa el tiempo perdido. Siempre, se entiende, que tal contratiempo no le haya obligado a retirarse por razones mayores.

Lo normal es ir a por todas ante un pelotón o grupo a veces desbocado. Es entonces que hemos presenciado y deducido el afán del ciclista por resolver con satisfacción su situación lo antes posible. En esa fase es cuando se observa a las claras como el corredor o corredores se acercan con prontitud a la parte trasera de los vehículos rodados que son parte integrante de la competición en el desempeño de las responsabilidades asignadas. Hay que ver u observar como los atletas de la ruta, los ciclistas o ciclista, aprovechan al máximo la estela que dejan los coches a su vertiginoso paso que es aprovechado por los afectados de las dos ruedas. Es una clara tentación en la que se involucra uno sin querer ante el deseo dominante de integrarse en el seno del pelotón lo antes posible para dar por finalizada la pesadilla.

Esta faceta la hemos vislumbrado con estupor muchísimas veces, sea en directo o bien acomodados frente a un televisor panorámico que tenemos a nuestro alcance, la necesidad hoy. Cualquiera de nosotros que ha practicado y practica el deporte de la bicicleta sabe bien de sobras lo que representa el rodar, pedalear, amparado tras cualquier vehículo motorizado de cuatro ruedas. Uno parece volar tras el absorbimiento que se experimenta. No se consume ni la mitad del esfuerzo físico exigido dándole a los pedales, por ejemplo, sin ayuda complementaria de nadie, es decir, en lucha individual. Y eso que decimos se puede observar en cualquier reportaje en donde se difunden las incidencias de tal o cual carrera. Esto se suele tolerar de manera abierta sin que nadie proteste o ponga objeciones a esas actuaciones que claramente no son del todo cristalinas y que se dan con bastante frecuencia.

Los conductores, sumergidos en la caravana ciclista multicolor, hacen de comparsa y los responsables en hacer cumplir las leyes que dicta el reglamento dejan pasar los hechos escondiendo esas realidades como si tal cosa. Y nosotros al concluir este escrito nos preguntamos: ¿Qué piensan nuestros lectores al respecto y más a los que admiran el deporte de la bicicleta? Dejamos esta pregunta formulada en el aire. Hay actitudes y pensamientos que vale la pena siquiera por algunos momentos meditar y aquilatar en su justa medida.

Es necesario que los expertos en la materia, que los hay, hagan cumplir la ley de manera tajante, abierta y sobre todo con sólida valentía. No por ello nos hemos de rasgar las vestiduras. Nuestro agradecimiento sincero a los lectores que han tenido la paciencia en leernos. Teníamos la necesidad de escribir algo acerca de esta inesperada sanción de la que todo el mundo habla y opina.

Por Gerardo Fuster

Publicidad

1 COMENTARIO

Deja un comentario