No es un Tour para fugas

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El pasado domingo se dio una circunstancia que ocurre de tanto en tanto pero que marca al aficionado. Cuando el ciclista con nombre de serie de acción, el neozelandés, Jack Bauer, y poco antes el campeón suizo, Martin Elminger, fueron cazados en el último suspiro de la recta final de Nîmes, a escasos veinte metros de meta, tras 200 kilómetros en escapada, quien más quien menos derramó una lagrimita de complicidad con esos dos ciclistas que dejado todo en la ruta, sólo recibieron esa ingratitud que el ciclismo muchas veces saber darte el dosis crueles y mal medidas.

Sin embargo la llegada a la ciudad del sur francés, no fue más que la consonancia con un Tour donde pillar la fuga buena ha sido algo milagroso. Se cuentan pocas las escapadas que han llegado con éxito, quizá deberíamos tomar la de Biel Kadri, las dos de Rafal Majka, la de Michael Rogers y poquito más, porque el resto de ganadores que llegaron el solitario (Boom, las de Nibali y Gallopin) fueron consecuencia de un desarrollo lógico de la jornada. En Bergerac Navardauskas estuvo entre unos y otros.

En esta llegada a Bergerac las cosas fueron más o menos similares. Un grupo de buenos ciclistas, entre ellos Elminger cinco días después de Nîmes, tomaron las de Villadiego a 200 kilómetros de meta sin que el pelotón –con Lotto, Cannondale y Giant a ratos- les dejara irse más allá de los tres minutos y medio. Es como si el espíritu de un “tirano”, tan recurrente en estas zonas, tomara las riendas del colectivo de este Tour que ha juntado a varios equipos, a modo de corrala, en el reparto de éxitos y etapas, dejando al resto ajenos al podio.

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Victoria por tanto de Ramunas Navardauskas, como vengando ese mal fario de Bauer y demostrando que en Garmin los éxitos tienen nombre y apellido en el palmarés pero que se viven como un colectivo.

Todo en un lugar que el Tour visita veinte años después de aquella crono que Miguel Indurain bordara dando una imagen para la posteridad, la del navarro doblando al entonces campeón del mundo Lance Amrstrong, dos años antes de serle diagnosticado el cáncer que le cambiaría la vida.

#fact Hablando de escapadas, fue un excelente prologuista, Thierry Marie, quien firmó el triunfo en solitario más increíble jamás visto. En 1991 ganó la sexta etapa escapándose del pelotón en el kilómetro 25 en una etapa de 259 con final en Le Havre.

#àdemain Una crono en sentido inverso a la de hace veinte años, de Bergerac a Périgueux, servirá para poner orden en el podio y certificar, o no, el primer podio de Alejandro Valverde en el Tour. Veremos el nivel de implicación de Nibali, a quien ganar esta crono sería como cerrar el círculo.

Foto tomada del Facebook del Tour y Vavel

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