Gaviria no conoció a los escarabajos

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Cuando Fernando Gaviria asomaba por este mundo Tours recibía casi la edición del centenario de la carrera que desde hace bastantes décadas dejó de ser el desquite de Roubaix y convertirse en el emblema del otoño ciclista. Cuando Gaviria nacía, ganaba en la ciudad del Loira Erik Zabel, con los años uno de los mejores de la carrera en sus ya 110 años de historia. Cuando Gaviria veía su primer amanecer no sabía que un día, siendo un casi imberbe ciclista se coronaría en la única carrera que nunca ganó Eddy Merckx.

Pero la ganó, tras unas cuantas decepciones en calendario de bolsillo belga, donde siempre le pasaba algo, donde siempre ganaba alguien que no fuera él. Porque el problema de fondo de Gaviria es ese, ha destacado desde tan joven, que todos le suponen perfecto para la ocasión y ésta ocurre que a veces se hace esperar, sin más.

Pero se guardó la bala el joven colombiano para la mejor ocasión, la carrera de los sprinters, un pedazo de historia viva y latente, de 110 años de historia que sobrevive a las barrabasadas de la UCI gracias a que aún hay quien tiene decoro y gusto por ganar carreras históricas de verdad.

Decepcionó un poco esta edición, tras las trepidantes carreras que ganaron Trentin y Wallays años atrás. La organización, ASO en primera persona, pensó que alargando el recorrido, 250 kilóemtros, y quitando cotitas, las cosas se igualaría más al mundial. Es igual, mereció la pena, una vez más. Lechos de hojas muertas en las zanjas de estrechas carreteras por donde no entra el sol, dibujaron que ese ciclismo que muda en otoño, ese flechazo de solo unos días, porque el circo recogerá las velas en velas en pocos días.

El triunfo de Gaviria compensa la espera y los pocos movimientos que se pudieron producir, incluso uno para la galería de Greg Van Averamet, en la única carrera centenaria que brilla en su olímpico palmarés. El desenlace estuvo a la altura de la ocasión. Con equipos muy desgastados en el control de la prueba, vimos la escenificación de la que será salomónica selección francesa en una semana, FDJ y Demare por un lado, Cofidis y Bouhanni, por el otro.

Los corredores asaltaron el último kilómetro con más incertidumbres que otra cosa. Sólo un Sky, curiosamente Owain Doull, el perfeccionista olímpico, tirando para Elia Viviani marcaba el camino a la sorpresa. Gaviria lo vio, miró alrededor y supo que si sacaba cincuenta metros nadie le cogería. Lo hizo, pam, como si fuera tan simple, tomó la distancia y cuando Arnaud Demare quiso neutralizarle porque no le quedaban compañeros, era tarda.

Tours también era colombiana, como Bergamo y Lombardía ocho días antes. Es el poder colombiano, sobre el que parece no ponerse el sol. Como Dijo Jorge Quintana no dominan por países, pero es cuestión de días que lo hagan. Lo de escarabajos quedará para la arqueología ciclistas.

Imagen tomada del FB de la París-Tours

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