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Gianni Bugno no era racista

Opinión ciclista

Gianni Bugno no era racista

Tiempo de lectura:2 Minutos

El pelotón es un ser vivo, una especie de agua, eso que decía Bruce Lee, que vista desde arriba, en cenital, fluía por la ruta, ensanchándose cuando era menester y apretándose cuando correspondía. En el pelotón un ciclista se ve ahogado o sin salida y toca al de al lado, éste al otro, y así de una forma harmónica, casi milagrosa, y todo resulta sencillo, casi orgánico.

No siempre por eso ocurren las cosas así. Hay corredores rígidos, que “clavan” su rueda a la ruta y no les muevas, no se te ocurra. Son ciclistas que carecen de la empatía que se necesita en grupos de ciento y pico tíos, de los que muchos huyen despavoridos. El otro día me hablaban de uno, Tony Martin, un corredor que si miráis atrás, se ha pegado unos tortazos de impresión más de una vez.

Recordad el Tour de 2013, cuando ganó en Le Mont Saint Michel, que era una momia andante, con medio cuerpo vendado y una entrepierna escocida hasta lo sanguinolento. O a los dos años, cuando se cayó siendo líder tras su victoria épica en Cambrai, el día del adoquín.

Estos días, hemos conocido otro que parece duro a la hora de negociar la posición en el pelotón. Es el joven talento italiano Gianni Moscon, un ciclista que me encanta, una de las ruedas que marqué antes de la primavera, y que no estuvo lejos de dar la campanada en Roubaix, cuando quedó quinto, pero llegó a tocar el grupo de Van Avermaet en el mismo velódromo.

Pues bien Moscon ha sido protagonista de algo que en ciclismo era casi inédito como es un caso de racismo, como bien se ha admitido desde todas las partes, contra el corredor de la FDJ Kevin Reza, aquel que una vez se llevó accidentalmente un móvil del público en el Tour y grabó un curioso video con él.

A Moscon le llaman algunos que tiene próximos “el Gianni Bugno” por su categoría sobre la máquina. Ya os acordaréis de él, esa figura que nunca se descomponía, perfectamente acoplado, gesto tibio, incluso cuando el lamento le retorcería por detnro al ver que Indurain le ganaba por la mano repetidamente. Moscon es joven aún, 23 añazos sólo, y seguro que seguirá creciendo, pero sus actitudes no son el mejor caldo de cultivo.

Y no lo son porque no sólo de clase y talento vive el ciclista, también se necesita una dosis de respeto y querencia por el rival y en el fondo compañero. Tú puedes ser un crack en lo tuyo, que si no eres respetuoso, te acabarán pasando factura y no precisamente barata. No sé si es una cuestión de generaciones, de tiempos o de yo qué sé, pero hay preocupación, honda además, en el respeto y valores que se imprimen en el pelotón.

Por ejemplo, están los “Juan sin miedo” del sprint que van literalmente a saco, como lobos en las llegadas, o los que bajan sin precauciones, o los que trazan como si estuvieran solos,.. pues bien ahora tenemos racismo, un “ismo” de eso que nunca había oído en el ciclismo y que mira por donde, nos llega desde uno de los corredores más prometedores del panorama.

45 días le han caído a Moscon por parte de su equipo por este affaire, los mismos que a Andrei Grivko por partirle la cara a Kittel en Dubai, creo, es decir varios meses después, como si fallar algo así fuera tan complicado o necesitara tanta deliberación. Por medio Grivko ha seguido corriendo e incluso estuvo cerca de ganar una etapa en Romandía. ¿Qué cara habría puesto Küng si le bate un ciclista a puertas de una sanción por algo que hizo meses antes?

Esperemos que esto no vaya a más, que ese caldo de filias y fobias que es el pelotón sepa enterrar y corregir estas actitudes. Sólo nos faltaba esto, peleas y racismo en el pelotón.

Imagen tomada de www.prensalibre.com

INFO

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Camilo

    Camilo Alzate

    2 de mayo, 2017 at 15:25

    Por una vez estaremos en desacuerdo, amigo mío. Siendo el uso de la bicicleta tan difundido en todo el mundo, el ciclismo es un deporte absolutamente racista, quizá el mas de todos. Lo que pasa es que es un racismo silencioso.

    De otro modo no se entiende que en la élite sólo haya blancos, y para más, blancos europeos casi todos. Nada más que los colombianos habían logrado colarse allí, a ese olimpo de privilegiados, desde lo años 80, no sin pocas dificultades dentro del pelotón. Si se impusieron, lo hicieron a fuerza, a coraje y pedalazos. Acordémonos de Verbruggen, el tipo de la UCI que quería hacer del ciclismo un deporte para blancos.

    Ahora hay una tímida irrupción de corredores africanos negros, o de europeos descendientes de africanos y árabes. Pero es vergonzoso que se les trate como peones de brega en el pelotón, y mucho más que se los humille por su color de piel.

    Saludos.

    • Iván Vega

      3 de mayo, 2017 at 9:07

      tu reflexión es muy buena y es algo que me he preguntado muchas veces. El ciclismo se abre a África y veremos qué recorrido tiene, porque si te das cuenta en modalidades como la pista hay naciones que tienen buena cuota y no son potencias en carretera.

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