Giro de Italia: un retrato de trazo grueso

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En este fin de semana de emociones en rosa, queremos darle perspectiva de originalidad a nuestra aproximación al Giro que juega a designar ganador de 2012. Hace unos días hicimos una parodia “sentimentaloide” de lo que significa el Giro de Italia, de lo que desprende, sobre su esencia. Ahora queremos completar esa cuña con una pieza más tangible, unas líneas hechas con fotografías encima de la mesa, con la historia de ciento y pico años de carrera en nuestra mano. Instantáneas que retratan Italia, la carrera, el país, el paraje, un lugar hecho para el ciclismo. Para mí, sí, el Giro es la grande de las grandes.
Andrew Hampsten haciendo esquí de fondo en el Gavia
Camino de la cima de la Fauniera, leemos sobre el apretado manto nevado dos frases: “Vai Pirata” y “W Pantani”. Por el centro de la desmembrada calzada baila Marco sobre su bicicleta tras descolgar al Chava. Lugar, la montaña, y mito convergen. El Giro vibra.
La primera página de un diario rosa llamado Gazzetta dello Sport del día 24 de agosto de 1909 habla de la primera edición del Giro de Italia. Comenta que hay 25.000 liras en juego y 2000 kilómetros previstos. La primera piedra de un monumento hoy centenario. Un recorrido circular que tiene Nápoles como su punto más meridional.
Muros helados de cuatro o cinco metros circundan el camino de Fausto Coppi hacia la cima del Stelvio. Es la carrera de 1953. El más elegante de la época, el primer grande del ciclo moderno del ciclismo, sellaba en el gigante dolomítico su quinta victoria en el Giro.  Sin embargo más impactante fue el pasillo nevado que surcó Charly Gaul por el Terminillo en 1960. Aquello era soledad.
Por entre los canales venecianos circulan enloquecidos ciclistas. Es una crono del Giro de Italia de 1979. Santa Maria della Salute presencia el paso de los campeones. Francesco Moser gana. Guiseppe Saronni espera su opción. Que los canales de la isla veneciana fueran ciclables, sólo podía ocurrir en el Giro.
El icono de la dureza extrema del ciclismo se esculpió en un Giro. En la edición de 1988 los ciclistas no se reconocen. Su torso se moldeaba en un denso blanco. Una nevada tremenda irrumpe en el Gavia. Frío conmovedor. Aquellos que ese día tomaron parte de la etapa no lo olvidarían nunca. El Giro acuñó la moneda de la crueldad de este deporte en la medida que ninguna otra grande lo ha logrado.
Hubo un tiempo, que no fue breve, que el Giro fue invisible para quienes no participaban de la ruta o la caravana. Hasta 1953 la televisión no entró en la carrera. Aquellos tiempos eran los del Vigorelli, el célebre velódromo milanés, no muy lejos de la menos conocida zona de San Siro. Allí se jugaron los cuartos entre otros Fiorenzo Magni, Rik Van Steenbergen o el irrepetible Fausto Coppi.
En 1974 el Giro no salió de Italia, entendida como estado, pero sí desde su mismo corazón, desde la Plaza de San Pedro del Vaticano. De la columnata de Lorenzo Bernini abrió la carrera una edición que se significó como el mejor triunfo de Eddy Merckx.
Y en clave monumental concluimos este retrato de línea gorda. En el centro de la Arena veronesa Francesco Moser culminó su estafa a Laurent Fignon, de aquella que también dimos fe no hace mucho. En coliseos y antros de la antigüedad, Denis Menchov celebro la victoria en el Giro del Centenario.
Esta suerte de retrato desordenado se ha hecho con la ayuda del libro sobre el centenario de la carrera “Un siglo de pasión” editado antes de la edición de 2009. Una obra muy recomendable tener.
Foto tomada del FB del Giro de Italia

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