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El Giro de las maravillas

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El Giro de las maravillas

Endura LDB Di17
Cambrils ZC, Gran fondo

En Turín, la ciudad de los 150 años de la reunificación, hoy ya 155 primaveras, acaba un Giro que nos ha dejado un sabor de boca tan dulce, que ahora todo lo que venga nos parecerá poco. La urbe piamontesa, barroca, más suiza que italiana, medidamente bella, vertida al Po, pone en solfa la coronación, en el reducto de los Saboya, de Vincenzo Nibali, el ciclista que rememorando viejas leyendas renació de sus cenizas para reinar en medio del caos ordenado que tanto le pone.

Endura LDB Di17

Nibali es la guinda a una edición que echando la vista atrás entronca con los grandes hitos de este deporte. No sabemos el motivo pero en Italia el ciclismo luce como en ningún otro sitio. O quizá sí lo sepamos, o quizá lo sepan quienes montan el tinglado, porque raro es el Giro que acaba sin la etiqueta del mejor de la historia.

Este en especial creo que ha sido uno de los mejores, cada día una historia, un episodio, la llegada a Pinerollo es reciente, con tres ciclistas acunando el dos para uno en un final eléctrico que se llevó un killer vestido de hombre de equipo, Matteo Trentin. Mirando más atrás, la cabalgada de Bob Jungels en rosa, con Andrey Amador haciendo equilibrios para mantenerle la aspiración. Un día antes Brambilla vestido de líder trabajando para su compañero luxemburgués de blanco. Jungels, sin duda, es un ciclista nuevo tras este Giro.

Mirando más atrás las volattas alemanas. Si en fútbol Italia siempre se lleva el gato al agua, en ciclismo, en este Giro, los teutones hicieron fortuna en la bota itálica con sus dos vedettes, Kittel & Greipel, más Kluge, el pistard que prepara Río ganando etapas a Pozzatto y Arndt, in extremis para ahondar en la desgracia de Nizzolo. Más atrás vemos las cronos, decididas en suspiros. Dumolin en unos Países Bajos entregados a la pasión, vistiendo el primer rosa, abriendo el palmarés del malherido Giant, o Foliforov sacando virtud a unas centésimas frente Kruijswijk en Ape di Siusi. Una derrota que el holandés dio por buena, pero que hoy verá con ojos muy diferentes.

Recordar la embestida de Pirazzi a Damiano Cunego bajando, en el descenso del astro veronés que un día ganara el Giro y que tardara más de una década en volver al podio. O las cabalgadas del ciclista que habla con hechos, Mikel Nieve, eterno, pertinaz y sólido, rehaciendo la mansión del Sky desde abajo y devolviendo a los de negro al podio, para ser azules, “king of the mountains”.

Esto ha sido todo amigos, esto ha sido el Giro, mucho más que los reyes de la general y las etapas clave, una sucesión de emociones que reivindica este deporte como el más bello. Quedan 363 días para que esto vuelva a ponerse en marcha.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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Recogen la bici donde les digas y te la llevan donde precises

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