El Giro que nos espera

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No dudamos en afirmar, así de bote pronto, que la 99ª edición del Giro de Italia, que como novedad se inicia esta vez en los Países Bajos, incluyendo tres etapas en su territorio, reúne en su conjunto una acentuada dureza equivalente o incluso superior a la vivida el pasado año. Esta vez constará de veintiuna etapas distribuidas a lo largo de 3.383 kilómetros. En el fondo los organizadores han persistido en la idea de atraer a los muchos aficionados que posee el deporte de las dos ruedas en el país transalpino, reiterando la formalización de etapas de marcada sintonía épica.

Las montañas harán oír su voz

La caravana multicolor del Giro tras su paso previo por las tierras de Holanda, se asentará en la península italiana, a la que cruzará de abajo -en la punta sur de la bota- hasta culminar en la parte norte, en donde se van a disputar las nueve últimas jornadas que serán las decisivas de la contienda.

Creemos sinceramente, pues, que el escollo difícil y definitivo se fallará en el corazón de los Alpes, que emitirá el veredicto inapelable si seguimos la tónica vivida en las anteriores ediciones. La trascendencia que encierran los jueces de paz será vital. Así lo vaticinamos.

Serán de indudable y preferente identidad las etapas cuyo final concluyen en Cividale del Friuli (13ª), en Corvara (14ª), en Alpe di Siusi -una cronoescalada- (15ª), en Risoul (19ª) y finalmente, en el penúltimo día, en Santa Anna di Vinadio (20ª), etapa en la que los supervivientes de la ronda italiana tendrán que ascender a la cima del sugestivo Puerto de La Bonette, que acapara de todas a todas la ruta más alta de Europa, con una cima que se alza a nada menos 2.802 metros de altura y una continuada y empinada cuesta de 25 kilómetros, una faceta casi increíble a la cual todos nosotros nos hemos de congratular por su tan especial y tan chocante novedad.

Hay que hacer hincapié, por otra parte, que el Giro registra cinco llegadas de etapa en alto, un factor más que contribuirá en gran manera en dar alas a los escaladores, los más favorecidos, por lo general, en esta aludida competición.

Señalar también la incorporación de tres etapas de la especialidad individual de contrarreloj, dos de las cuales se desarrollarán bajo una configuración más bien llana, mientras que la tercera se concreta con una exigente cronoescalada, un eslabón de indudable dificultad que no perdonará a nadie. Se ha suprimido en esta edición la clásica etapa habitual por equipos.

Se insertarán tres jornadas de descanso, los días 9, 16 y 23 de mayo. Rompiendo los moldes y la tradición del pasado, mencionemos que los ciclistas y los miles y miles de aficionados afines al pedal van a festejar la conclusión del Giro en la ciudad de Turín, quedando al margen, por esta vez, la majestuosa capital de la provincia de Lombardía, Milán, junto a la silueta inconfundible de la histórica Plaza del Duomo, un símbolo de alto rango histórico.

¿Y cuáles son los favoritos?

Un punto a considerar es la participación registrada de varios destacados corredores entre los cuales no vislumbramos un favorito claro. Esta situación supone una incógnita asumible que dará más movilidad y más emoción a la prueba. Se alinearán varios ciclistas de renombre como son los italianos Vincenzo Nibali y Domenico Pozzovivo, los colombianos Rigoberto Urán y Carlos Betancur, el holandés Tom Dumoulin, el ruso Ilnur Zacarin y el polaco Rafal Majka, entre varios otros.

A esta relación de nombres cabe adicionar básicamente a los dos representantes españoles que figuran con más identidad. No son otros que el murciano Alejandro Valverde y el vasco Mikel Landa, que se alinean en la línea de salida con cierta confianza y posibilidades de éxito, siquiera en la conquista de un buen lugar de honor en la clasificación absoluta.

El Giro y lo que fueron sus inicios

La ronda italiana que es con razón la segunda prueba por etapas más importante del calendario ciclista internacional, fue creada en el año 1908 por el rotativo La Gazzetta dello Sport, que deseaba a toda costa introducirse en el mercado y vender entre las gentes más ejemplares.

Los impulsores del Giro de Italia no fueron otros que su director en aquellos tiempos, un tal Costamagna, el administrador y redactor Gougnet y el colaborador más directo, Morgagni, que tenía una gran facilidad en eso de escribir. La primera edición se inició en Milán el 13 de mayo de 1909, concurriendo en el mismo 115 corredores. Tan sólo lograron terminar la prueba 49 unidades tras haber cubierto ocho etapas a lo largo de una distancia total de 2.448 kilómetros. El kilometraje por día sobrepasaba los 300, una cifra un tanto elevada que nos parece inaudita. Pero muy habitual si retrocedemos a aquellos tiempos que calificamos de heroicos.

El primer vencedor de aquel Giro memorable fue el corredor transalpino Luigi Ganna, registrando un promedio total de 27,260 kilómetros a la hora. Fue investido con una camiseta de color rosa que distinguía al líder de la carrera. Los organizadores quisieron imponer esta tonalidad en homenaje al rotativo patrocinador cuyas hojas eran de aquel color tal como sigue perdurando en la actualidad. Ganna, que se colocó primero en la clasificación ya casi desde el principio, mantuvo un arduo duelo con su compatriota Carlo Galetti.

La última etapa, Turín-Milán, se caracterizó por la incertidumbre en el resultado final, en especial cuando Ganna sufrió dos pinchazos casi consecutivos que fueron aprovechados por su rival para evadir del grupo en solitario. Con todo Galetti, un tanto inesperadamente, vio truncadas sus esperanzas al encontrarse con un paso de nivel cerrado que daba preferencia a un tren regional; de aquellos un tanto cansinos para salvar las distancias.

Así perdió la partida, aunque hay que decirlo, Carlo Galetti se resarció en las dos ediciones siguientes, que ganó con sonada autoridad. Ganna, el primer ganador, recibió como recompensa la cantidad económica de 5.325 liras, algo así como 600 pesetas al cambio vigente en aquel entonces, o bien el equivalente a 3,6 euros puestos sobre el tapete en nuestra actualidad, una cifra que nos parece ahora un tanto sorprendente. No ha llovido poco desde aquel entonces, pensamos nosotros.

Siempre nos ha complacido el poder actualizar en estas columnas algunos hechos que nos acercan a aquellas reminiscencias ciclistas que pertenecen al pasado.

Por Gerardo Fuster

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1 COMENTARIO

  1. El Giro nunca deja indiferentes a los amantes de este deporte épico. Su extremada dureza -sobre todo en los confines del corazón de los Alpes- es motivo de miradas escrutadoras por parte de estos. No ha llovido poco desde sus inicios, allá por el año 1908…

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