Hablemos de “Balaverde”, el “Pistolero” y “Purito”

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Y hablando de apodos de animales, en el mundo del ciclismo encontramos toda una fauna de motes y sobrenombres, muchos relacionados por su país de origen, y por las habilidades del corredor: la destreza, la agilidad, la fuerza o la astucia, e incluso por un cierto “parecido” razonable del ciclista con el animal en cuestión. Así podemos encontrar a “El canguro” Phil Anderson, primer australiano en llegar al pelotón internacional en los años 80, al colombiano Hernán Buenahora, como “El cabrito de Barichara”, por haber nacido en ese municipio donde la comida típica es el cabrito, o al reconocido Federico Etxabe como “El potro de Gernika”. Destaca también “El zorro” Cyrille Guimard, “El conejo” Andrew Hampsten (¿alguna duda?), que se sometió a una operación quirúrgica para recortarse las palas de sus incisivos dientes, dejando sus complejos atrás, o “El caballo” polaco Zenón Jaskula, el que tuviera su momento de gloria en el julio francés del 93, siempre a rueda de Induráin y Rominger, y del cual nunca más se supo.

Y siguiendo nuestra particular fauna ciclista encontramos a “El jabalí” Carmelo Morales, otros con nombres de razas de perros como los belgas “El bull dog” Gastón Rebry, o “El basset” Philippe Thys. También tenemos a “El pájaro” Jesús Rodríguez, a “El gatito” Jef Scherens, otro belga,  y algunas “Águilas” como Bahamontes o Ferdi Kubler, el suizo, también conocido como “El campeón relinchante” e incluso un “Águila negra”, el belga Marcel Kint, y algunos “Tiburones” como Bjarne Rijs o Vincenzo Nibali. Y lo que sobre todo tenemos son muchos “leones”: además de “El rey León” (Cipollini) tenemos al italiano Fiorenzo Magni, “El león de Flandes”, que ganó tres ediciones consecutivas del Tour de Flandes, y con el mismo apodo está el belga Cyrille Van Hauwaert (1907-1914), y aún nos queda otro león, el italiano Gastone Nencini “El león de Mugello”.  Podemos encontrar alguna serpiente que otra, como “La cobra” Riccó, si bien en un principio pudo ser un excelente apodo por su manera de escalar encima de la bici, es cierto que el sobrenombre pudo volvérsele en su contra por “escupir” tanto veneno.

Pero sin duda, si nos tenemos que quedar con un mote de animal que destaca por encima de los demás (y no solo uno, sino nada menos que dos) es para el gran Hinault, conocido como “Le blaireau” (el tejón”), aunque en España lo apodaron como “El caimán”, porque dicen, cuentan, que fue el propio Marino Lejarreta, “El junco de Bérriz”, el que lo bautizó con ese nombre cuando en uno de sus ataques el propio Marino cantaba aquello de “se va el caimán, se va el caimán…”.

Con el bretón iniciamos un nuevo capítulo de apodos que podríamos llamar de “fuera categoría”, si bien todos los que hemos nombrado son grandes campeones, campeonísimos, ahora destacaremos a aquellos ciclistas que por su trayectoria, palmarés y grandeza han agotado todos los adjetivos, dejando, por un motivo u otro, una gran impronta en la historia del ciclismo. Empezaremos con Jacques Anquetil: “Maître Jacques”, “Monsieur Crono” o “L’enfant roi” (el niño rey), toda una leyenda. Seguiremos con “El fraile volador”, “El Piadoso”, “Il vecchio”… apodos todos para reconocer enseguida, claro está, al gran Gino Bartali. Como “Biquet”, “Tête de cuir” (cabeza de cuero) o “Trompe-la-mort” (burla-muertes) tenemos a Jean Robic. Otros que se llevan la palma en motes y sobrenombres son los grandes escaladores italianos:  por un lado tenemos a Claudio Chiappucci como “El diablo”, “Calimero”, “Chiappa”, o “El gitano” y por otro, cómo no, a “El pirata” Pantani, también con varios apodos como “El elefantino”, “El pollo” o “Il pelato”. Por cierto, como “Pantanina” reconoceremos a la gran escaladora italiana Fabiana Luperini.

Pero para adjetivos de todo tipo que reúnen todos los requisitos de grandeza, nobleza, origen, fuerza y fenómeno de la naturaleza, tenemos a nuestro “Miguelón”, Miguel Induráin, que fuera conocido como “El rey”, “El extraterrestre”, “Michelone”, “Tri-tour-ador”, “Indurator”, “Indurey” o el más utilizado: “El gigante de Villaba”. Sin embargo, si damos por hecho que Merckx ha sido el mejor ciclista de la historia, Eddy sólo tenía un gran apodo (a lo sumo dos si consideramos que a veces se referían a él como “El ogro de Tervueren”). En efecto, solo con nombrar a “El caníbal” ya sabemos todos quién es, por su máxima ambición en conseguir siempre la victoria.

Hoy en día podemos presumir de tener a tres grandes de los nuestros que aspiran a todo. Nos estamos refiriendo, claro está, a “Balaverde” Valverde, “Pistolero” Contador y “Purito” Rodríguez, apodo que le vino dado un día entrenando con sus compañeros, cuando en un pique entre ellos los sobrepasó con tanta facilidad que cuando llegaron a su altura el bueno de Joaquim hizo ver que los estaba esperando fumándose un puro.

 

Para ver la primera entrada sobre apodos ciclistas

Para ver la segunda entrada sobre apodos ciclistas

 

Por Jordi Escrihuela

Fotos tomadas de www.lajornada.cat

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