Hace mucho que el deporte dejó de ser deporte

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En los últimos años muchas personas me han preguntado por el dopaje, las trampas y triquiñuelas que rodean el ciclismo. Siempre respondo lo mismo, con tal rutina, que escrito en un papel pegado mi frente haría las veces de portavoz. Lo que vemos por la tele, en un estadio de fútbol, en una cuneta de una carrera o dondequiera que os sentéis es un “espectáculo deportivo” y nada tiene que ver con deporte. Se trata de un negocio que exprime, retuerce y sofoca cuerpos y mentes.

A pocos días del Campeonato del Mundo de atletismo surgen dos positivos que hacen temblar por su magnitud. Que hayan pillado a Tyson Gay y Ashafa Powell me recuerda tanto a esa salida del Tour en la que el 90% de los favoritos se tuvieron que marchar por la explosión de la Operación Puerto que me parecen historias escritas por el mismo guionista. Querría saber qué ha de decir Usain Bolt sobre lo acontecido.

Navegando por las páginas de algunos diarios generalistas, y también deportivos, se toma conciencia de cómo el gran público, ese que al final debe comprar el producto que anuncia tu maillot para que el patrocinio sea rentable, se da cuenta de que el deporte profesional es un espejismo y que quizá sea hora de cambiar los guarismos y percepciones si no queremos ver que cada competición se convierte en un intríngulis de conjeturas sobre si lo que consigue el atleta responde a rendimientos convencionales o si se salen de norma. Sin embargo ese gran público que asimila la realidad sigue viendo deporte.

Ayer por ejemplo Chris Froome se fue dando un portazo en la sala de prensa del Ventoux atosigado por sus registros. Los periodistas le inquirían sobre el tiempo que empleó en ascender un puerto que, entiéndanme, si nosotros comemos lo que los ciclistas no lo haríamos igual de rápido. La comparativa con el tiempo que le llevo a Armstrong se puso en la mesa, e incluso mecenas de este deporte, como Oleg Tinkov dijo que él no aseguraba que Froome se dopara pero que sus tiempos se parecen mucho a los del Armstrong que termino confesando en Oprah.

El otro día hablamos de los radares de “Le Monde” y de las escalas que establecen para ver si los rendimientos son asumibles o no. No se trata tanto de ver si esas actuaciones son humanas o no, pues no lo son. En el fondo está claro que hablamos de universos paralelos y que a pesar de lo obvio del asunto seguimos incurriendo en numerosos errores. El planteamiento merece una pregunta de base: ¿Nos gusta el deporte o el espectáculo deportivo? Una vez tengamos clara nuestra respuesta empecemos a valorar las cosas como merecen.

A un servidor le gustan ambas cosas. Me gusta el deporte por que te oxigena, que ya es mucho en estos tiempo, y te da un punto de autoestima. Me gusta el espectáculo deportivo por que me entretiene y me permite elucubrar en este espacio. A partir de ahí llamemos las cosas por su nombre. Deporte es lo que hacemos millones de aficionados en nuestros tiempo libre, conciliando nuestra vida normal con la deportiva sin más pretensión que mejorarse a sí mismo. Espectáculo deportivo es ver a Tony Martin escocido en la entrepierna y la espalda abrasada por las heridas tras una contrarreloj, es comprobar las animaladas que hacen los pilotos de motociclismo que toman la salida con la clavícula rota por que no se pueden permitir perder puntos, son futbolistas infiltrados para que no les duela el cuádriceps en un partido,… eso es espectáculo deportivo, y en ese monstruoso negocio las cosas son muy diferentes a como las concebimos.

Foto tomada de www.dna.fr

2 COMENTARIOS

  1. No me queda clara una cosa. ¿Cuál es la lectura que haces? Entiendo que estás diciendo que, como es un negocio y se mueve mucho dinero, está justificado que se dopen. Y, según esta misma premisa, ¿cuál es tu opinión sobre cómo debería realizarse la lucha contra el dopaje?

    • No digo que está justificado que el deportista profesional se dope, sólo que si queremos espectáculo éste no sale gratis. Es contradictorio pero cierto, la gente quiere machadas pero que todo esté limpio de polvo y paja y eso es muy complicado.
      Sobre la lucha contra el dopaje está claro que nada de lo que se hace funciona. Estamos entre dos extremos, o barra libre o tolerancia cero. Yo propondría un periodo largo de sanciones de por vida y duras multas, que quien se pase de la línea sepa que el puede costar carísimo.
      Otra cosa es preguntarse porque si está en nuestra mano esa solución, que es a la que están empujando los que aún siguen dando positivo, no se aplica

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