Hechos que no hablan bien del colectivo ciclista

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Hace unos días nuestro amigo José María Caroz sacó en este mal anillado cuaderno una reflexión cuyo título lo resume todo: “El ciclista necesita más autocrítica y menos egoísmo”. Es curioso, la experiencia nos dice que cuando sacamos a la luz piezas de esta carga, las reacciones suelen ser en todos los sentidos, sin embargo todas las opiniones que despertó el post fueron positivas y afines al mismo porque en el fondo lo que dijo Caroz esrtaba cargado de razón y conocimiento.

Fruto de la realidad que describió nuestro colaborador, tenemos que no todos los ciclistas respetan las normas, que se ponen por las nubes cuando les dices algo y luego, en el momento de reivindicar, si te visto no me acuerdo, siempre hay algo más importante que hacer.

Pues bien este domingo se celebra la Barcelona-Sitges, para muchos profanos, deciros que es la marcha reivindicativa por excelencia del ciclismo catalán y una de las más importantes y multitudinarias en su género. Con más de veinte ediciones a la espalda, el año pasado pasado en concreto 4.000 ciclistas oficialmente, unos 5.000 según recuento de guardia urbana y Mossos d´ Esquadra, se lanzaron por las icónicas Costas del Garraf para disfrutar de un día de ciclismo exento de tráfico y reivindicar la seguridad del practicante.

La experiencia dice que las cifras de inscripción tocaron los límites de lo permitido y que aquello no fue el acto reivindicativo que se pretendía, pues no se dio la mejor imagen del colectivo: sobrecarga de la vía, ciclistas por aceras, gran lapso de tiempo entre primeros y últimos,… excesivo.

Los responsables del evento, la gente de la comisión de cicloturismo de la Federació Catalana de Ciclisme, recibieron un toque, explícito y claro de fuerzas del orden y ayuntamientos por donde transcurría el acto y con afán de poner orden se quiso contabilizar de forma fidedigna los inscritos, limitados a 2.500 perfectamente identificados por un dorsal. Para hacerlo rápido se dispuso que los clubes fueran intermediarios en el reparto de las inscripciones, es decir quien quisiera ir a la prueba debería hacerlo a través del club que tuviera más a mano, fuera o no federado sin obligación de filiarse con ningún club ni pagar un céntimo por ello.

Pues bien, este proceder, que también supone adelanto de hora e itinerario diferente, han valido no pocas críticas a los organizadores de la prueba, esos que se debaten entre hacer sostenible la misma y “darle gusto al ciclista”. Críticas, algunas muy duras, que ejemplifican que muchas veces ponemos por delante la comodidad de presentarnos en una marcha o evento sin molestia alguna sin darnos cuenta que si se cambian las reglas del juego es porque sencillamente es imperativo para que las cosas se sigan haciendo.

Lo que dijo Caroz hace unos días, y yo suscribo, muchas veces nos falta autocrítica y menos egoísmo.

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