Hermano mayor

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Que no es lo mismo que gran hermano, claro ;-). Sí, el otro día volví a hablar con él, con mi hermano Enrique, diez años mayor que yo, con todo lo que esto supone de experiencia, veteranía y “saber estar”.

Él es de la preciosa y monumental Cáceres. Ya hace muchos años que por motivos laborales y conyugales (su mujer es cacereña) se vino a vivir a Extremadura, tierra en la que se siente muy feliz.

Solemos hablar por teléfono a menudo y así nos ponemos al día. Hablamos de todo, de la familia, de política, de fútbol, de informática y, mucho, de ciclismo, ya que, como no podía ser de otra forma, también es un gran apasionado de la bici, aunque él la disfruta de un modo muy diferente a como lo pueda hacer yo.

Mi hermano no tiene ningún tipo de ataduras ni con su flaca ni con su gorda -también le da al mountain bike-. No es esclavo de ellas. Sale cuando le apetece, solo o acompañado por su hijo Quique -mi sobrino, claro-. Lo mismo le da salir una hora, que dos o cuatro. Tampoco mira el reloj. Ni si es pronto o tarde. Ni siquiera pertenece a ningún club, aunque no le faltan “ofertas” de asociación, pero siempre las desestima. Mi hermano vive la bici de otra manera. No participa en marchas, ni hace grandes locuras por descubrir puertos imposibles. Tampoco asiste a las famosas quedadas, entre otras cosas, porque no participa en ningún foro activo que, en un momento dado, le pueda sacar de quicio.

Pero, ¡ojo! Él tiene sus fieles amigos. Algunas veces le acompañarán y otras, muchas, como os he comentado, saldrá solo. A mi hermano no le importa. Dice que cuando está cansado se da la vuelta y para casa. Ya sean 20, 40 ó 60 kilómetros o más –no muchos más- los que recorra, ya le harán sentir satisfecho.

Como veis, nada que ver a lo que yo pueda hacer, o tú, querido lector, no tiene nada que ver a nuestra filosofía, completamente diferente, ¿no es cierto?

Pues como os decía, hablando con él, le comentaba mis nervios previos a una gran marcha, a lo mal que lo estaba pasando, a pesar de mi experiencia, por comprobar que no llegaba bien de forma, que me había estado angustiando los últimos quince días con tal de acumular el máximo número posible de kilómetros y que, aún y así, no me veía saliendo, pero que tenía que ir, como fuera. Además le comenté que las previsiones meteorológicas eran malísimas, que se preveían fuertes lluvias y, sobre todo frío, mucho frío, y que temía, y mucho, los peligrosos descensos.

-Pues no vayas –me contestó tranquilamente.
-¡Pero es que se trata de la Destrozamachos! –le dije.
-Chico, qué quieres que te diga. ¿Tienes qué demostrar algo a alguien?
-No, claro.
-¿Entonces? A ver si me haces el favor de ser un poquito más feliz ¿eh? Y disfruta y no sufras tanto.
-Sí, lo intentaré.

Estuve un buen rato reflexionando sobre lo que me había dicho mi hermano. Buenos consejos, está claro.
Pero, si somos sinceros, qué poco hacemos caso a nuestros mayores ¿verdad? 😉

Por Jordi Escrihuela, desde Ziklo

Imagen tomada de www.cicloturistapamplona.com

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