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Héroes cincelados de polvo y paja

@JoanSeguidor

Héroes cincelados de polvo y paja

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Cuando el Giro de 2010 se metió camino de Montalcino, navegando por las rutas de tierra de la Toscana que hicieron célebre la Strade Bianche, quedó claro que esta carrera debía ser para gente que dominara la carretera, pero también otras modalidades. No llamó la atención especialmente el papel que hizo el entonces ciclista del AG2R, John Gradet, francés, despoblado de pelo y tremendo ciclocrossman. Lo mismo que el exbiker Cadel Evans ganando en una maraña de porquería.

Con esas premisas estaba claro que un día, a no tardar, Zdenek Stybar tenía que ganar en la elíptica Piazza de Campo sienesa, ahí, en la parte baja de esa especie de abanico pétreo, a la sombra de esa tremenda torre que en Toscana, como en Flandes, tanto gusta de presidir los ayuntamientos.

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La Strade Bianche es una carrera especial por muchos motivos. Se corre en escenarios poco concurridos, irreales, en medio de viñedos y polvorientas sendas, casi siempre con buen tiempo. No es un monumento, aunque muchos le quieren “encolomar” tan distinguida etiqueta, y espero que no lo sea, porque en el momento que lo quieran meter en ese escalón, será una desgracia para un espectáculo que es virgen, que se corre a pelo.

Miren sino a Stybar, e imaginen si le daría el margen que ha tenido para correr en ese asfixiante equipo que es el Etixx, como bien nos mostraron hace una semana en Gante. Stybar tuvo margen y ganó a lo grande, sabiendo medir el peso de cada momento, y exhibiéndose cuando le tocó hacerlo. El checo se carga de otro argumento para demostrar que hizo bien arrinconando el ciclocross, la modalidad que le dio aureola, por mucho que nos duela.

Tercero fue Alejandro Valverde, el ciclista superlativo. Segunda vez que Valverde queda tercero en Siena, pero con unas sensaciones muy diferentes a las de hace un año cuando corrió de forma cicatera y rácana para atar un podio que supo tan a poco que salió a compensar un día después cuando ganó a lo grande, y sin ataduras, la Roma Maxima –una carrera efímera por cuanto este año no se corre-.

En Siena, a diferencia de la carrera romana, Valverde se las vio con World Tour de primerísimo nivel y le obligaron a darlo todo. Recuerdo el tono despectivo de Gilbert llamándole “chuparruedas” al murciano. Esta vez no, el valón no hubiera tenido razón, Valverde ha medido muchas veces hasta la exasperación pero cuando corre a lo grande, lo hace hasta las últimas consecuencias y esta vez perdió, como otras ganó. Nada que reprocharse. Desconozco el calendario primaveral de Valverde, pero haría muy mal en desaprovechar este punto de forma en carreras muy por debajo de su pedigrí.

Y entre Stybar y Valverde, nuestra apuesta primaveral: Greg Van Avermaet, el ciclista que siempre está ahí, pisando el podio, segundo, tercero, pero nunca en el escalón superior. Ojalá este año logre estar donde merece su potencial, polivalencia y entrega, pero el ciclismo en ocasiones se olvida de quienes no debiera hacerlo. Aunque si hablamos de estado de forma supino, Dios qué miedo mete Sep Vanmarcke, eso sí que es una mula trotona, un auténtico animal cuya contundencia le tiene marcado en las citas venideras.

Imagen tomada de www.strade-bianche.it

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