Huérfanos de Cancellara

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Creo que no nos equivocamos si decimos que lo de Cancellara en los Juegos quizá lo supieran él y muy pocos más. Fabian Cancellara, suizo, del autentico cogollo de la confederación, la capital de un estado que es la suma de territorios que encontraron en la unión la mejor manera de enfrentarse al gigante de los Habsburgo, es de las pocas cosas que todos los suizos tienen como algo en común y que les une.

Pero volviendo al principio, la victoria olímpica de Fabian en Río no la podíamos esperar. Sus últimos dos años han sido una especie de carrera contra el tiempo. Caídas, accidentes, percances,… muchos problemas para estar navegando por el otoño de una carrera deportiva fecunda como la suya. A ello también se le añadían rivales, jóvenes y lozanos, Tony Martin el más directo, aunque no el único. Incluso en las clásicas donde machacaba a placer, también le surgieron sombras que no le dejaban dominar como antaño.

Si no me equivoco el último gran momento de Fabian Cancellara había sido Flandes de hace dos años, una de esas carreras de madurez, basada en la gestión de los recursos y el control de unos rivales que le hacían un marcaje al hombre. Nada que ver con esos monumentos en el que se le acusó de llevar motores o directamente caballos invisibles tirando de su máquina.

Donde antes tenía clarividencia, todo se volvía en contra. Cuando Sagan y Kwiatko se le fueron en Flandes, Fabian no respondió se quedó entre dos mares. En el Giro, su primer Giro, no pudo honrar las raíces italianas que dice tener. Su Tour fue testimonial. Pero llegó Rio y menuda crono hizo, qué forma de coronar otra carrera de excepción, un ciclista que ha caminado por registros que tardaremos en ver. Si el palmarés de Wiggins es singular, el de Fabian se le aproxima. Recuerdo, incluso, cuando alguno lo vio postulando para el Tour, aunque eso acabó siendo una de esas “pajas mentales” que algunos vertimos sobre el teclado.

El ciclismo pasa, los tiempos se queman, Purito ya lo ha dejando, Wiggo tiene clara su caducidad y Fabian, “Luigi” para Lance Armstrong -hace falta ser impresentable, también se va. Nos quedamos huérfanos de emblemas, llegarán otros, pero el sello del bernés lo llevaremos por los tiempos.

Imagen tomada de www.zimbio.com

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