Huérfanos de piratas, diablos, caníbales y tejones

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Ciclismo de  Youtube, a eso parece que sin remedio nos va abocar el ciclismo del siglo XXI. Ataques a pocos kilómetros de meta, a veces a apenas un centenar de metros, subidas a bloque con tímidos arranques de peseta, de fuegos artificiales. Una lástima porque hoy en día te puedes ver los últimos kilómetros de la etapa en el famoso canal de vídeos porque en definitiva, y con mucha lástima, son los únicos que valen la pena.

Que puertos como el Tourmalet se suban a bloque, un col que ya ni marca diferencias, que en recorridos como el día de Plateau de Beille, con Portet d’Aspet, La Core y Lers, ninguno de los favoritos sea capaz de romper la carrera y ponerla patas arriba y que en definitiva se necesitan puertos extremos, de Youtube como yo les llamo, para que los ciclistas afronten terribles desniveles “al filo de lo imposible”, ascensiones con muros salvajes por encima del 20%, para poder ofrecer espectáculo. La situación me parece algo preocupante.

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Necesitamos de corredores valientes que no se preocupen por hacer segundo o tercero, ni siquiera por entrar en el Top Ten, que se líen la manta a la cabeza, que nos ofrezcan largas escapadas, largas cabalgadas, que tiren el pinganillo y se lancen a la aventura, que arriesguen. Esto es un deporte de héroes y de épica, no de conformistas que nunca dejarán huella.

Chiapucci nunca ganó el Tour, ni siquiera el Giro, pero todo el mundo le recuerda sobre todo por su cabalgada en Sestrière ’92 dejando exhausto a un gran Indurain, porqué él era así, un inconformista, un luchador nato, un diablo en la carretera.

Estamos huérfanos de piratas, diablos, caníbales y tejones.

Por Jordi Escrihuela 

Imagen tomada de thegranfondoitalia.com

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