Indurain: aquí empezó todo

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Tras ganar el Tour del 91, Miguel Indurain se plantó en el Giro de Italia del año siguiente con muchas dudas en apariencia pero con la certeza de que, si las cosas salían mínimamente bien, podría seguir engordando su leyenda. Un recorrido duro, pero con dos cronos muy favorables, y un plantel de rivales a los que tenía tomada la medida le favorecían, por mucho que a aquel ciclista de aspecto bonachón y poderosa pedalada, cualquier circunstancia parecía irle bien.

#DiaD 26 de mayo de 1992

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El Giro arrancó con una crono corta por Génova, a modo prólogo, que coronó al mejor especialista del momento como primer rosa de la carrera. Thierry Marie, rubio ciclista del Castorama, vestía las primeras mieles de la prueba con un ciclista, un tal Miguel Indurain, no lejos, marcando terreno ante los escaladores italianos.

La tercera etapa de aquel Giro iba desde Ullivetto Terme hasta Arezzo, en el corazón toscano, otra de las grandes perlas paisajísticas del lugar que habría de inmortalizar Roberto Benigni en “La vida es bella”. Desde un principio el Banesto tomaba las riendas de la jornada ante una importante escaramuza que incorporaba a Yvon Ledanois, entonces en el Castorama, pero con los años persona integrada, curiosamente, en la estructura del Movistar.

Abortado el intento, el ritmo de carrera es lo suficientemente fuerte como para que Claudio Chiappucci, acompañado de Giorgio Furlan, tiente el ritmo de los mejores. Indurain, tranquilo en un primer momento, sale como una centella a por ellos y forma una punta de lanza en el Foce di Scopetone, último alto del día, sólo nueve kilómetros del umbral de la jornada, la típica encerrona de Italia.

Poco a poco entran unidades en el primer grupo, hasta conformar un paquete de unos treinta ciclistas entre los que no está el líder Marie. En la línea de meta se impone el veloz angloitaliano Max Sciandri, pero acto seguido Miguel Indurain es reclamado para vestir la maglia rosa, la primera de su carrera, y algo más pronto de lo previsto. Habían pasado 17 largos años desde Paco Galdós, el navarro pisaba el podio por el que habían pasado Poblet, Fuente, Botella, Lasa,…

Al día siguiente, ya de líder, Indurain acumulaba las primeras distancias importantes en la crono de Sansepolcro enviando a Chiapucci más allá del minuto y a Franco Chioccioli, vigente ganador, a dos. El primer Giro de Indurain tomaba forma, la leyenda se hacía mayor.

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