Indurain vs Dumolin: comparaciones que son peligrosas

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Cabe la tentación, muchas veces, que a la vista de jornadas como las de ayer, miremos atrás, a veces muy atrás y entendamos lo que ocurre, explicando lo que sucedió una vez. Con Tom Dumolin las comparaciones respecto a Miguel Indurain son golosas, incluso justificadas.

A mí ambos corredores me parecen, en su esencia, muy similares, pero no sé si al holandés rosado le gustará la presión que implican estas equivalencias. Que te pongan en el espejo de uno de los grandes de siempre es para saber gestionarlo, ya sé que diréis que son profesionales, pero también personas, que sienten y padecen como cualquier hijo de vecino.

Viéndolos sobre la bicicleta a ambos podemos decir que son la perfecta fotografía de la evolución humana sobre una cabra, con Brad Wiggins por medio, como eslabón entre ambos. Si Miguel era un prodigio de acople, su figura se adivina angulada respecto a la de Dumolin, una especie de reloj de daliniano que se redondea sobre la máquina hasta casi hacerse un círculo perfecto y unitario.

Las excelencias de Dumolin sobre la cabra ya las hemos cantado, es nuestro guardián de las esencias, de esos ciclistas que no necesitan derrengarse para ser efectivos, ese tarro que abrió por primera vez Jacques Anquetil, y del que han bebido muy pocos, entre ellos Miguel y Tom, quienes hacen de la crono su baluarte para optar a premios mayores.

Mirando las diferencias de la crono larga de este Giro, vemos que las rentas de Dumolin respecto a los favoritos de la carrera entran en el molde del gigante navarro, más allá de los dos minutos y en el caso de Nairo, rozando los tres. Es decir, un varapalo en tiempo importante, pero en la moral demoledor, pues verte tan desplazado con rivales directos, teniendo esa ambición de terciopelo que tiene Nairo, no debe ser plato de gusto.

Desde Miguel Indurain no hemos vuelto a ver nadie que abriera estos huecos en el nombre ejercicio de la lucha contra el reloj, salvo el lapso de Wiggins en el Tour que ganó. Dumolin lo hizo en la Vuelta de hace dos años y ahora vuelve a la carga en el Giro. No contamos Armstrong, por decoro.

Y no creáis que subiendo Tom vaya a desentonar. Las subidas violentas no le van del todo mal, porque son cortas, y su umbral queda lejos, y las largas no le van mal, porque las afronta a ritmo y consciente de sus limitaciones. Es decir, cabrá echar mano de imaginación, ir más allá y explorar el gran problema que le veo al líder, su equipo, la brecha en la numantina defensa que le va a tocar realizar.

Imágenes tomadas de FB Giro de Italia y Parlamento Ciclista

INFO

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1 COMENTARIO

  1. Hola! Siempre sigo los textos que van urdiendo con el paso de los días y los acontecimientos. Si el holandés llega a rubricar una victoria en el giro, se abre la posibilidad de un nuevo emperador; sin embargo, es solo eso: posibilidad. No quiero ir en demérito de Induráin pero los escaladores con los que compite el holandés tienen más entidad y ello también es una variable que opera a la hora de establecer comparaciones. Escribes en tu texto la palabra “esencia”; creo que dicho concepto debe tomarse con pinzas, incluso, en el ámbito del ciclismo; todo competidor se construye, también, por su relación de rivalidad, es decir, por con quienes compite; no puede erigirse una figura obviando a quienes les circundan. A esto también se suman los trazados que son una suerte de borrador del guión de la obra que luego será interpretada por los actores (los ciclistas). Saludos y gracias por estos escritos!

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