Inglés, ése es el idioma del ciclismo

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Christopher Sutton, australiano veloz, gana la primera jornada en línea de @lavuelta luciendo los colores de la escuadra británica del Team Sky, quienes no se olvidan de Txema. Stuart O´ Grady permanece en el cuadro de los campeones olímpicos que podemos contemplar en el velódromo barcelonés. Casi veinte años después ficha por el equipo quiere ser el nuevo faro de la abrumadora superioridad de la isla austral, el GreenEDGE. ¿Cuánto ha cambiado todo desde entonces? Se preguntará el pecoso canguro.
La realidad es tozuda y en ciclismo se convierte en rodillo. El método anglosajón impone y  se impone. Las lenguas del viejo continente dan paso al inglés con sus maravillosos matices (americano, galés, australiano,…). A vuelapluma cada pieza se encaja desde sus diferentes virtudes. La pista es el hilo conductor de los buenos resultados ingleses y australianos, si bien estos ven como su mejor ciclista, Cadel Evans, fue biker antes que nada. Los americanos son suigeneris, pero Lance Armstrong demostró que un atleta completo –nada mejor que un triatleta- bien perfilado, como hicieron con él antes de padecer cáncer puede optar a triunfos históricos, como el que firmó en la Flecha Valona de 1996.
El elemento cuasi exótico que suponían los Phil Anderson, Ron Kiefel e incluso mucho el llorado Tom Simpson se convirtió en actor perenne con la llegada de ese niño prodigio llamado Greg Lemond, californiano cuyo bagaje supone, yo creo, el auténtico punto de inflexión en la historia del ciclismo anglosajón. Sus tres Tours y dos mundiales dieron la llave de lo que Lance Armstrong haría norma durante tiene años, la especialización extrema salpimentada con el gusto por la innovación. El primer manillar de triatleta que recuerdo  en una crono, los cuernos de toda la vida, lo usó el mentado Gregory en el primer test individual del Tour de 1989. 22 primaveras desde entonces. Contemporáneo a Lemond, incluso compañeros en aquel redil llamado La Vie Claire, fue Andrew Hampsten, primer ganador americano del Giro en 1988. Lavuelta ninguno de este círculo la ha ganado –sin en el mismo no metemos a los irlandeses, minoría en número, aunque no en calidad con Sean Kelly en ganador de la edición de 1987.. En buena justicia Cadel Evans podría  haberlo hecho, pero la suerte le fue esquiva  en la avería de Monachil hace dos años.
Hoy las escuadras de referencia no son italianas, ni españolas, si quiera las francesas, a pesar delk brío de los Europcar hace un mes en @letour. El paso lo marcan un conjunto luxemburgués y todas las escuadras anglosajonas, que harán cambio de cromos, el HTC por el GreenEDGE al tiempo que BMC apuesta a rojo-negro y par-impar con Gilbert, lo quieren todo, todo para ellos, como hace años que vienen haciendo.
Pero sus tiempos no responden al ejercicio de la tiranía por donde pisan. Ejercen de anfitriones, siguiendo con aquella mítica Coors Classic y la posterior del Tour Dupont. Ejercen en todos sus territorios. Londres el año que viene será rompeolas olímpico, los australianos prestigian su Tour Down Under y no contentos, California opta al cartel de cuarta grande, como si mañana alguien, por posiblidades, dinero y contundencia quisiera organizar el quinto Grand Slam de tenístico. “Cycling speaks english” y no lo digo yo, lo dicen los hechos.

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