¿Innovación o mito? el rompecabezas de nuestro ciclismo

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La escala piramidal del ciclismo se asienta sobre tres grandes vértices, a su vez mezclados en todo lo que transcurre en este bello deporte. Dos de las grandes “familias” de esta actividad ocupan muchas líneas y megas en comentarios, reseñas y alusiones. Hablo de los corredores, sin ellos no habría circo, y de los equipos, quienes a su manera son esos reinos de taifas con diferentes “savoir faire” para cuadrar a los primeros. Nos olvidamos mucho de las organizaciones, la tercera pata de una trama en la que la federación internacional y sus sucursales domésticas van por libre, por caminos diferentes, ajenos a la realidad.

El rol organizativo siempre me ha parecido un ejercicio de funambulismo. Sacar partido muchas veces a eventos de carácter anual, salvo las grandes estructuras tipo ASO y RCI, con las dosis de voluntarismo a las que ello les somete, es sencillamente meritorio, e incluso milagroso en las ternas que nos movemos. Ahí les tenemos lidiando, principalmente con entes públicos, navegando entre un denso calendario de actividades deportivas, muchas de ellas mejor vistas socialmente, y con una caja cada vez menos solvente.
En este plano los organizadores plantean maniobras realmente soberbias por el arrojo que les merece, aunque les pueda costar crédito en el corto plazo. Pondremos tres ejemplos, muy claritos y meridianos, venidos de dos países cuya economía no se destaca por sus alegrías y en cambio buscan la salida a esta ratonera de patrocinios y exención de cobro para quien presencie el espectáculo.
La Ronde omite el Kappelmuur
En Bélgica tenemos dos grandes de la primavera, entre otras. La E3 por un lado y la más importante cita, el Tour de Flandes. La primera es un soplo de aire fresco en el panorama complejo europeo. Con el calendario en expansión mundial y aventurándose en una línea cuya extensión no sabemos muy bien a dónde conducirá, la carrera cuyo nombre tiene origen en una vía de comunicación es una competición que se implica en la innovación de cuyo poso deberían tomar muchas otras nota. Aquí ya dimos pinceladas hace diez meses de cómo hacer crecer esta carrera llamada E3.
Paradójicamente la de Harelbeke posibilita esta temporada que el Kappelmuur tenga ciclismo. El segundo monumento del ejercicio, cronológicamente hablando, el Tour de Flandes prescinde este año de su emblema y de paso de la llegada habitualpara irse al ombligo de la zona, llamado Oudenaard. Curioso, lo que una desecha, en pos de modernidad y el progreso, como habló su organizador, a otra le viene de perlas en su crecimiento.
El tercer botón viene con la Vuelta a España más rara de cuantas hemos atisbado en los últimos tiempos. Una carrera radicada en el norte, con una sucesión de cotas, a cual más dura, que dice buscar el espectáculo radicado en, hasta donde yo sé, en los últimos diez minutos de etapa. Ciclismo de Youtube, esencia enlatada, acorde a los tiempos que vivimos de corta y pega, se premia la racanería, se penaliza el arrojo. Así es como lo vemos. Si ello es símbolo de los tiempos, de progreso, creo que erramos el tiro.
Como siempre, te guste o no, aquí abajo lo podéis ver.