Ivan Basso llega a destino

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Todos convenimos que hubo un Ivan Basso antes y después de su sanción como consecuencia de esas bolsas de sangre halladas en la Operación Puerto y por las que preguntaron a los representantes de la aspirante Madrid a ciudad olímpica. El Ivan Basso de antes de junio de 2006 era el rey consorte. Con Lance Armstrong en el dique seco se le adivinaba dominador al menos un par de años. Titular de sendos podios en el Tour, su principal amenaza, Jan Ullrich, ya se había declarado incapaz de derrotarle.

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Luego vino el Ivan Basso que fue obligado a dar un paso atrás cuando militaba en el Discovery Channel que vio el primer Tour de Alberto Contador. Ahí Basso subía como nadie y rodaba en la vanguardia de los cronos. Era el corredor que todo lo sabía hacer bien, incluso las cronos. Hasta esbozar cariño desde el podio. El perfecto yerno.

Pero vino la travesía en el desierto y el ciclista resultante de la misma fue un buen competidor pero dos o tres tonos por debajo. Del Ivan Basso que amaneció desde su retorno nos quedamos con su capacidad de abordar las subidas de seguido, a ritmo y asfixiando a la concurrencia. Nada de sus violentos ataques sostenidos. Ganó la mejor grande de tres semanas que hemos visto en los últimos cuatro años, el Giro de 2010. Ese triunfo fue suyo por que en el Zoncolan sucumbieron todos. Pero también por que días después, en el descenso del Mortirolo, quedó patente  la calidad humana de Vincenzo Nibali cuando en vez de descabalgar al torpe varesino, cosa que podría haber hecho sin problema, decidió guiarle en el arte de la trazada para evitar que un encendido David Arroyo no le comiera toda la ventaja en la cima. En el Tour de 2011 Basso estuvo ahí, delante, junto a los mejores de la edición, pero muy lejos de amenazar el duelo Evans- Schleck. El año pasado Ivan Basso contó un quinto lugar en el Giro y para el Tour ya había quemado los cartuchos.

Sinceramente cuando se anunció su presencia en la Vuelta como hombre importante pensé más en las galas pasadas que en el presente. Sin opción de correr el Giro, el del Cannondale volcó sus ambiciones en España, y para muestra esa pintoresca visita al Angliru con Samuel Sánchez de cicerone. Aterrizó en las Rías Baixas, quemó días y la cosa pintaba bien. Volvíamos a ver ese Ivan Basso diésel de tres años antes, exhibiendo buen tono y mejor golpe de pedal. Su rostro de disfrazaba de media sonrisa, se mezclaba con los grandes cuando la fruta madura caía de la rama. Era el Basso de los mejores días hasta que todo se truncó en Andorra.

Entre tiritonas y gélidos gemidos dejó la Vuelta y no sé si su última oportunidad de hacer algo grande. Posiblemente no estemos hablando del ganador de la carrera, pero su nivel de implicación en la misma le confería un papel protagonista, algo que le encanta ser. Con pocos días para cumplir los 36 años no sé si estaremos ante el canto del cisne del mejor vueltómano italiano de los últimos tiempos, al menos hasta que Nibali le supere, que parece camino de ello. Y es que aunque parezca que no, la crisis que en breve notaremos en España, azota desde hace mucho en Italia, esa cuna de grandes nombres que camina desprovista de faro en las grandísimas citas siempre y cuando Nibali no sea de la partida. Miren el último Tour si no es por Trentin hasta pasan de incógnito.

Os aseguro que nos gustaría equivocarme, pero creo que el último tren partió sin Basso desde Andorra. Como siempre digo, veremos.

Foto tomada de www.lavuelta.com

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