Ivan Basso y su colección de medias verdades

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Ivan Basso es al ciclismo moderno lo que el Carbono 14 a la historia de la prehistoria. Su camino es un auténtico descenso del Stelvio, revirado y tortuoso, tras pasar por todos los estadios del ciclismo y probar la convivencia con buena parte de los personajillos que pulularon, y aún pululan, por este deporte. Por ejemplo, en su colección de mentores hay un camino de ida y vuelta hacia Bjarne Rijs, con efímero paso por las huestes de Johan Bruyneel, huelgan comentarios. Hamilton describe lo mejor de cada casa…

Ivan Basso es un ciclista paradigmático del ciclismo del siglo XX. Sus colección de medias verdes, o mentiras según se mire, resulta larga, lo mismo que los tweets rosáceos donde describe una vida familiar por la que suspira cualquier suegra agradecida. Cartón piedra. Es tan de fachada que incluso cuando ataca, cuando más se exige, muestra una medio sonrisa, como si la tortura no fuera con él.

El italiano ha sido entrevistado estos días en Biciciclismo y sus respuestas no tienen desperdicio. Valora su rol de telonero con Alberto Contador. Anuncia su próximo calendario y será calcado al del madrileño: Volta, Tirreno y Giro. Deja en suspense su actuación en el Tour. En Andalucía ambos reventaron el pelotón en Haza Llanas. Al día siguiente el poderío del varesino se diluyó por los aguijonazos de los hombres de Chris Froome. Visto y no visto. Un sube y baja infinito.

Para Basso ponerse al servicio de Alberto Contador es “un acto de inteligencia y madurez. Toma. Olvida Basso que el madrileño fue el rey puesto cuando acorralado por la Operación Puerto, Johan Bruyneel le mostró la salida del Discovery. Rey muerto, rey puesto. No recuerdo lamentos de Contador. Como dicen en una afamada serie “para que uno sobreviva, otros han de morir”. Contador ese año vio cómo se cargaron a al líder de su equipo, que venía de ser segundo el Tour, y al líder de la Grande Boucle, Michael Rasmussen, dejándole limpio el camino.

Basso es frío y profesional. No entra a valorar el estatus del Astana, donde corren ciclistas de su confianza, al menos pasada, como por ejemplo Vincenzo Nibali, a quien ha de agradecerle fidelidad extrema en un Giro de Italia, el de 2010, cuando Basso protagonizó uno de los peores descensos que se le recuerdan a una estrella, el del Mortirolo. Si aquello dura un kilómetro más David Arroyo, el líder ese día, les caza y a la mierda el segundo Giro. Sin embargo ahí estuvo Nibali, cien veces mejor bajador, que incluso tentado de hacerle lo que le hizo Aitor González a Oscar Sevilla en una Vuelta se clavó al lado de su torpe jefe de filas. Memoria escurridiza.

El problema que vemos en Basso es que nunca ha admitido, ni admitirá, que tras la sanción siempre fue una versión a la baja de ese ciclista que maravilló en los Tours de 2004 y 2005, un corredor que no sólo subía muchas veces como Lance Armstrong sino que también desplazó a Jan Ullrich de su estela. Miren qué nombres manejamos. En la edición 200 del Procycling describe el Giro 2006 que ganó el italiano como algo “increíble”. Y quizá, si se admitieran las cosas como son, podríamos pensar bien y aplaudir su anunciada generosidad. Eso sí que sería un signo de inteligencia y madurez.

Imagen tomada de http://www.vueltaandalucia.es/

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