Justicia con el primer español en el Tour

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Actualmente, con la profusión de presentaciones que rodea cada libro que surge en el mercado, ocurre que a alguna de ellas llegas con una inexactitud que tu libro refleja. En caso que nos ocupa, hablo obviamente de la historia que escribimos sobre Mariano Cañardo. Al poco de publicarla, un lector de Jaca me puntualizó con enorme vehemencia, que el primer español en el Tour no fue Vicente Blanco, el bilbaíno que tiraba a base de gajos de bacalao. Fue José María Javierre, mucho menos divulgado que el primero, quien hizo los primeros honores patrios en la mejor carrera.

El bilbaíno debutó en 1910, el oscense en 1909. Este dato lo admití en la presentación que hicimos hace unas semanas en el Campus Orbea barcelonés y me abrió la puerta de la esperanza: si hay nuevas reediciones -Dios y las ventas quieran que sí- espero solventar la errata, entretanto mejor tomad nota de lo que viene a continuación.

Porque nuestro amigo Gerardo Fuster, que cuando coge un micro en un acto se viene arriba, nos ha querido apuntar varias cosas sobre este Javierre, que omitimos involuntariamente. Aprovechando que estamos en la antesala del Tour, queremos hacer este acto de justicia.

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¿Javierre fue acaso un ciclista francés?

Se pudo comprobar que hubo un tal José María Javierre, según copia de los antecedentes escritos que obran en nuestro poder, nacido en el mes de febrero de 1888, en la localidad aragonesa de Jaca. Ya de muy joven concurrió con éxito en varias carreras regionales celebradas en territorio del sur francés. Este le animó para que participara en el Tour del año 1909, consiguiendo clasificarse al final, mérito propio, en decimoséptima posición, mientras que al año siguiente concurrió de nuevo, con más entusiasmo si cabía, para conseguir el vigesimocuarto lugar. Fue considerado el pionero español en el periplo galo. Ello nos obligó a indagar un poco más en torno a este corredor de humilde condición en su porte y más bien introvertido en sus actitudes o acciones.

Acuciada su familia por la ausencia de trabajo y la consiguiente falta de dinero, se tomó la determinación de trasladarse a Francia a través de los pasos de Canfranc y del Puerto de Somport, estableciéndose en la localidad de Lesca, en las proximidades de la majestuosa ciudad pirenaica de Pau. José Mª Javierre, nuestro futuro ciclista, tenía solamente cuatro años y le acompañaron sus otros cuatro hermanos. Pronto se le registró allí bajo el nombre y apellido de Joseph Habierre, es decir, como un teórico ciudadano francés, sin constar documentos que le avalaran así. En los archivos del Tour, constaba su apellido como si fuera oriundo de suelo galo. Se inscribía en todos los sitios administrativos, repetimos, bajo la mencionada singladura.

Con todo tuvo problemas para obtener la nacionalidad francesa, cosa que consiguió hasta pasados algunos años; precisamente al alistarse en la Legión Extranjera en la Primera Guerra Mundial, en donde alcanzó ciertos méritos militares al sufrir sendas heridas de metralla y demás. Fue debidamente condecorado y así fue como oficialmente pudo superar la burocracia de los papeles. Nunca pudimos saber qué razones hubo para que las autoridades francesas se hicieran tanto rogar.

En el año 1920, se casó y fruto de su matrimonio fue el nacimiento de sus dos hijos, que no se dedicaron precisamente a darle a los pedales. Se estableció la familia toda en la población de Oloron, siendo propietario de un taller de bicicletas, representando la conocida marca Alcyon, que había defendido en sus tiempos como ciclista. Falleció a los 66 años, en 1954. Nos ha valido la pena dedicar siquiera unos párrafos haciendo justicia a este corredor que no merecía ser postergarlo en el olvido. La historia se vale también de esa clase de hombres que pasan a veces un tanto desapercibidos o que viven en el anonimato. Son estos atletas del pedal que llamamos héroes silenciosos, sumergidos en una chocante humildad.

Es nuestra intención seguir hablando de los pioneros hispanos en el Tour en las páginas de Joan Seguidor que nos da apertura para ello. Quisiéramos extendernos en ocasión futura en torno a otras figuras que persiguieron objetivos similares, tales como el citado Vicente Blanc, José Orduña, Guillermo Antón, Jaume Janer y Victorino Otero, protagonistas que deseamos ensalzar en su justa y merecida medida.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de www.elpedalaragones.es 

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