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Es de justicia que Dumolin haya ganando el Giro

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Es de justicia que Dumolin haya ganando el Giro

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Si cogéis la Via Montenapoleone de Milán pasaréis por Prada, Ermenegildo Zegna, Louis Vuiton, Bulgari, Rolex, Versace, Burberry, Mermes, Salvatore Ferragamo,… y otras tantas. Lugar de lujo, lujar exquisito. Cerca del Duomo, el más “agujado” de entre las góticas del mundo. Un sitio para perderse y dejar seco el crédito de la tarjeta….

Hoy el Giro pisaba la casa del rosáceo diario que viste su mejor ciclista. Era el día concluir la edición 100 con una crono que sabíamos que no iba a dejar la general como estaba, como en 2012, cuando Ryder Hesjedal consumó su remontada sobre Purito, como en 2009, la edición de los 100 años, cuando Menchov nos dejó sin respiración al caerse cerca del Coliseo, como hace 25 años, cuando Miguel Indurain doblaba a Claudio Chiapucci.

En Milán hay que ir de largo, elegante y vistoso, si me apuráis hasta estridente. Conviene no desentonar en el lugar, refinamiento ante todo. Pero el encargo de Tom Dumolin exigía otra cosa, y no precisamente florituras, exigía eficacia, remontar y hacer historia. Es es, exactamente lo que hizo el neerlandés, remontar y punto.

Dejó la victoria para un compatriota, pelado, sin un pelo de tonto, Jos Van Emde, porque en su fuero sabia que el objetivo era otro, más alto, exigía volar, y Tom voló, lo suficiente al menos para ganar un Giro que hace justicia de verdad, con la persona en cuestión y con un ciclismo, el holandés que merecía esta alegría tras tantos y tantos años rozando los grandes éxitos, merodeando las mejores plazas, pero siempre ajenos al primer peldaño, porque algo, no sabemos qué, les privaba de lo mejor cuando lo tenían a tocar con la mano.

Dumolin grabó a fuego las lecciones de la Vuelta de hace dos años, y aunque sustos se llevó, ganar una grande es lo que tiene, que es un laberinto que a veces te empujar a volver sobre tus pasos, el gigante ya de rosa para siempre encontró la salida a tanto equívoco.

Hubo buen rollo en el podio de Milán, ahí con la catedral a la derecha y las galerías de cara. Un lugar de ensoñación que coronó al mejor, sin florituras, sin necesidad de abalorios, cabía la celebración y Dumolin lo hizo, con los suyos, los del Sunweb, un equipo que muchos pensamos que no está a la altura de sus necesidades, pero que ojo, quiere reforzarse para cubrir la espaldas a su gigante.

Y es que nuestra frágil memoria nos impide recordar que una buena parte de ese grupo estuvo en brete cuando fue arrollado por un coche en las rutas de Levante, un atropello que sufrió, por ejemplo, uno de esos compañeros que botaban con Dumomolin en el estrado de la Piazza del Duomo, Chad Haga.

Un placer verles ahí de nuevo, el día que mucha gente de nuestro país se concentró para pedir memoria por los caídos y respeto por los ciclistas en la carretera, ese sitio que en este Giro fue justo con Tom Dumolin.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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