Kuurne, la contracrónica

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Otra clásica de cierto renombre acaba de celebrarse en los confines de Bélgica. Es la denominada Kuurne-Bruselas-Kuurne, que tiene lugar en los contornos de la provincia de Flandes occidental bajo la responsabilidad de la ciudad de Courtrai. La victoria, esta vez, ha correspondido al casi invulnerable corredor británico Mark Cavendish, en una turbulenta llegada con el concurso de nada menos 74 corredores, lanzados al unísono en pos del triunfo. Los velocistas, pues, marcaron la pauta y el favorito entre los favoritos, Cavendish se impuso en apretada lid frente al noruego Alexander Kristoff y al italiano Elia Viviani, otros puntales de la velocidad.

Un alto promedio marcó la pauta de la carrera

Quizá la nota más destacada del día fue que Cavendish con todas las armas a su favor registrara una media horaria de 41,269 kilómetros, una cifra que de por sí delata la velocidad impuesta a lo largo de todo el recorrido a pesar de los ingredientes un tanto incómodos como fueron los célebres muros -subidas muy empinadas- y también el tener que salvar algunos trazos de adoquinados. Son dos obstáculos a la par que atormentan a cualquier ciclista. Como nota complementaria quisiéramos exponer que el récord lo logró precisamente el mismo Cavendish en la edición del año 2012, al marcar una media de 44,410 kilómetros a la hora, lo cual no deja de ser un mérito digno de elogio.
Cabe consignar también los numerosos abandonos que apuntó la carrera de referencia. La cifra a primera vista nos parece de un cariz casi inverosímil. Se apearon a lo largo de su difícil e intrincado recorrido nada menos que noventa ciclistas, que se vieron impotentes, sin fuelle, para mantenerse hasta el final, situado en la localidad de Kuurne, una pesadilla inacabada.

Quién quiere triunfar debe arriesgar

Lo fundamental de esta clásica se dirimió en los postreros kilómetros que restaban para la meta. El gran pelotón, lleno de autoridad, zanjó la cuestión sin piedad, neutralizando a los belicosos que animaron la carrera con vivacidad. Siempre hay voluntarios para este ingrato cometido que no tiene un fin glorioso y sí heroico si se quiere. El belga Philippe Gilbert, lanzó un furibundo ataque cuando faltaban 5 kilómetros para cruzar la línea de llegada. A 600 metros de su conclusión, su intentó se esfumó ante la voracidad impuesta por el pelotón, que no estaba dispuesto a librar concesiones de ninguna clase. El británico Mark Cavendish, el hombre más veloz del momento, hizo gala de sus facultades innatas en estos menesteres que requieren a la vez mucho riesgo y mucha atención. Ganó sin discursión. Tras él puntuaron el noruego Kristoff y el italiano Viviani, que no constituyeron ninguna novedad ante el vértigo de la velocidad.
Mark Cavendish alcanza su sexta victoria en la presente temporada, destacando sus dos triunfos de etapa en el reciente Tour de Dubai y, a la vez, su victoria absoluta. También tuvo la virtud de adjudicarse la Clásica de Almería, otro eco reciente que suena en nuestros oídos. Cabe consignar que esta prueba del calendario europeo lleva cubiertas la friolera de sesenta y ocho ediciones. Nunca está de más el mencionar que esta clásica se instauró en el año 1945, con el triunfo de un corredor flamenco llamado Valère Ollivier.
Por lo demás, sí quisiéramos afirmar que esta carrera jamás ha sido propicia a los ciclistas españoles. Nunca nuestros representantes tuvieron la oportunidad de subir siquiera al podio, un honor que los aficionados al deporte de las dos ruedas suelen admirar. Es bueno y halagador el poder recordar esa clase de efemérides destacadas inscritas en el pasado.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de http://www.etixx-quickstep.com/

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