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Kwiatkowski y los que no especulan

Michal Kiatkowski wins San Sebastian

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Kwiatkowski y los que no especulan

Premio gordo en Donosti, premio mayúsculo en la Klasikoa, una recompensa en forma de nombres y corredores que no saben el significado de la palabra especular. Los cinco de adelante que salieron disparados de la cima que antecede el Igueldo eran un regalo, amantes de un desenlace incierto, del pelear la victoria, sin escrúpulos, ni cortapisas.

Delante al final quedó Michal Kwiatkowski, recordando viejos tiempos por Euskadi, completando un julio de ensueño, tras contribuir al éxito de Froome en el Tour, sumado a un 2017 que habla de su dimensión. De San Remo, ganando a Sagan, a San Sebastián haciendo lo propio con Gallopin. Kwiatko, se veía, que les iba a dar para el pelo, que iba a poner Donosti en su selecta lista, que iba a llevarse otra clásica del máximo nivel.

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Kwiatko tuvo premio, y no es sencillo, tenía rivales que no especulan. Tom Dumolin, por ejemplo, no pudo seguirle en los descensos que el polaco toma rectos. El neerlandés es otro que cuando entra en liza no acostumbra a fallar, no escatima, no esquiva relevos ni ataques, otro lujo de corredor.

Mikel Landa: hace un tiempo que dijimos que no entiende de triunfos sin alma. Jugó su baza, obligó a reaccionar a los rivales y acabó llegando delante. Landa fue parte del engranaje de Sky, otra vez de negro, como Gianni Moscon, “what a rider”, el italiano que rueda como los ángeles y va camino de ser un castigador en estos terrenos, no sé si llegará al palmarés, palabras mayores, de Bugno, con quien le comparan, pero sigue creciendo…

Toni Gallopin, segundo en el Boulveard, que tiene pequeño pero valiosísimo palmares, incluso San Sebastián. En el Tour dio lo que tenía, pero no le quedaba tanto como para una etapa, cogió compañeros de escapada de nivel, y mucho. Bauke Mollema sí tuvo suficiente, ganó una etapa y en Donosti estuvo defendiendo con honor la corona que defendía en San Sebastián, un dorsal número uno que cedió a su compañero Haimar, el último día de su trayectoria pro.

Son ciclistas que por lo general no saben especular, ciclistas que nos remiten a aquellos que corren para la victoria sin esperar nada a cambio del de al lado, que no racanean, porque llegan a meta vacíos, sencillamente rotos. Dumolin, Kwiatko, Gallopin,… pero también Peter Sagan, el mismo que ganaba en Polonia al tiempo que el polaco en el córner guipuzcoano. Sagan es otro de esos que se quedaron con las ganas, quizá por dar más de lo que el rival merecía.

Eso le pasó mucho a Greg Van Avermaet, mucho tiempo plata y bronce, hasta que dijo voy a por el dorado y acabó siendo el máximo anotador de la primavera, algo que ansía Tim Wellens, pero que no encuentra, porque el valón quiere dar el salto que sabe le falta para ser un grande como Philippe, Philippe Gilbert, el corredor que si se siente fuerte y se ve bien no espera componendas, entra a degüello y salta a cincuenta kilómetros de la meta de Flandes, con intención de ganar.

Y Contador, Alberto, un corredor que no deja pasar la opción para bajar su impronta, buscar el máximo, aunque a veces con esos “ataques de peseta”, dícese de esos que se hacen con el convencimiento de que no van a ninguna parte, pero con otros como los de Foix y Formigal, que sí que hacen camino y daño.

Son los ciclistas que no escatiman, que se parten el espinazo para seguir a flote, que logran lo suyo por méritos propios, a veces desaviniendo las leyes de la dosificación de esfuerzos. En su mano está en buena parte que nos siga gustando el ciclismo.

Imagen tomada de FB del Team Sky

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