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Kwiatkowski es el techo de Sagan

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Kwiatkowski es el techo de Sagan

Cruz – LEadboard2 Post
Tiempo de lectura:2 Minutos

Cuando los grandes llegan al velódromo de Roubaix, cuando terminan la cota de Ans, en la Classicima les quedaría subir la Cipressa y el Poggio, el tramo intermedio, el descenso a San Remo, la recta final… es lo que tiene el monumento que nunca cambió de llegada ni final, que siempre fue de casi 300 kilómetros, kilometraje salvaje, casi prehistórico, una saeta del ciclismo de antes en el ciclismo de ahora.

Y ese kilometraje que antaño les hacía salir a las cuatro y media de la mañana para llegar en el ocaso del sol, se sigue atragantando en la garganta de Peter Sagan, el ciclista que es al ciclismo lo que el sol al sistema solar. Todos le miran, todos le siguen, su arco iris es una X en la espalda y otra vez fue la rueda a seguir.

Tenía dos opciones Sagan, nadar y guardar la ropa o buscar su ventaja innata en los descenso reventando el Poggio. Optó por lo segundo, lo hizo tras un efectivo trabajo del Bora, ese equipo que algunos dicen que no tiene. Y optó por eso porque en ese grupo había muchos gallos aguantando, Matthews, Démare, Bouhanni, Gaviria, el primer corredor que ha sido primer espada de Lefevere estando Boonen en liza,… sin hasta Tomeke trabajó para el prodigio colombiano.

Sagan optó, decimos, por romper en el Poggio, poco antes de llegar al giro cerrado de la cabina, esa antigualla que permanece como esta carrera. Abrió un pequeño hueco y zas apareció su otra pesadilla, que no fue Van Avermaet, y sí Michal Kwiatkowski, el ciclista polaco, que viene vestido de negro Sky, un Sky que esta San Remo tenía que ganar sí o sí, porque al Kwiatko ganador le unía la baza de Viviani, el corredor que llevo en cesta durante todo el Poggio.

Y entonces empezó San Remo, la carrera que muchos se niegan a reconocer obnubilados por otras carreras más jóvenes, menos clásicas, la San Remo de casi 300 kilómetros en las piernas que te exige un descenso suicida por entre los invernaderos del Poggio, solicitando cinco y hasta seis sentidos en un corredor atenazado por siete horas de carrera. Esa San Remo te hace caer a plomo, te rompe el ánimo, te deja seco…

Castelli-LDB2

Y en esas circunstancias, Sagan se encoje, por qué, no lo sé, pero aparece el corredor generosamente entregado a un triunfo que se le escapa entre las manos. Kwiatkowski sabía perfectamente que la suya era la rueda ganadora, y acabó por dejarle el comando del trío, ahí estaba también un Alaphilippe cuyos límites son también muy difusos, hasta la recta final.

En esa recta vimos una imagen conocida, un sprint entre eslovaco y polaco es una moneda al aire, Sagan es favorito por defecto, pero su rival de generación le hace un traje cada vez que se miden. Recordad Harelbeke el año pasado, la Strade hace tres,… sólo en Flandes el año pasado, cuando Kwiatkwo petó, emergió Sagan, las otras veces el del Sky se ha llevado el gato al agua. Ahora son tres.

Michal Kwiatkowski era para nosotros, permitidnos arrogarnos el mérito, uno de nuestros favoritos para la jornada. Lo tiene todo, potencia, buen final, resistencia, verticalidad pero también imprevisibilidad por eso cuando siguó a Sagan, como cuando descabagaron a Cancellara camino de la meta de Flandes, cualquier cosa podría pasar. Kwiatko es el espejo, el límite, el techo de cristal de Sagan, que tome nota, porque aquí no tiene un rival para San Remo, lo tiene de por vida…

INFO

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