Las bicis eléctricas han llegado para quedarse

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Hoy me ha llamado a la tienda un señor que, a sus 73 años, ha redescubierto la bicicleta. Es uno de los organizadores de una de las marchas de MTB con más renombre en Catalunya, la Cabrerès. El señor preguntaba por una batería de alta capacidad para la bici con motor Bosch que se compró hace un par de años, y como quien no quiere la cosa me ha acabado contando su vida.

Jordi, así se llama, ha sido ciclista toda la vida pero por cosas de la edad y un pequeño achaque de corazón, los últimos años había ido abandonando su gran afición. Hasta que descubrió las mountain bike eléctricas.

¡Es fantástico! -se regocijaba al otro lado del hilo telefónico-. Puedo seguir haciendo las mismas rutas que antes sin preocuparme del kilometraje o de lo duras que serán las subidas. Salir en grupo, disfrutar de la naturaleza, del desayuno con la “colla” de amigos… Ahora vuelvo a salir en bici. Y no soy el único. En mi grupo ya somos trece los que vamos en bicis eléctricas. El más joven tiene 70 años, ¡y el mayor ochenta y tantos!“.

Jordi irradiaba felicidad. Este hombre de aspecto desconocido y con el que igual coincidí alguna vez -hace ya muchos años- en la Cabrerès, vive una segunda juventud gracias a su bici eléctrica. Y no es el único. Las bicicletas eléctricas son la solución para el ocio o el transporte cotidiano de millones de personas en todo el mundo.

Permiten a un ciclista como Jordi ,que por la edad o un problema de salud (enfermedad cardiovascular, lesiones de rodilla…) había arrinconado a su querida, seguir montando en bici. Pero también es la solución para las personas que querrían salir con su pareja y no osan porque se sienten débiles, para esos ciclistas con dificultades para seguir el ritmo de un grupo, para los ejecutivos que no pueden permitirse llegar al trabajo sudados, para los que viven lejos de su lugar de trabajo o tienen que afrontar un recorrido con muchas subidas, para los que tienen que cargar con mucho peso…

Quedan muy lejos las primeras bicis eléctricas de fabricación china, equipadas con pesadas y altamente contaminantes baterías de plomo que se empezaron a vender en nuestro país hace quince o veinte años. Gracias al tremendo avance que han supuesto los motores centrales Bosch, a los que han seguido Yamaha, Shimano o Brose, los grandes fabricantes (Specialized, Trek, Lapierre, Cannondale o Merida, y en nuestro país BH y Orbea) han acabado apostando por un subsegmento que hasta hace poco era minoritario pero que en países como Alemania u Holanda ya representa el primero en facturación.

Las bicicletas eléctricas, de pedaleo asistido, ebikes o como se las quiera llamar, han llegado para quedarse.

¿Pero estos motores “tiran”?, me suelen preguntar en la tienda. Y yo suelo explicar siempre lo mismo. “Mira, este motor tiene una potencia de 250 vatios. En sus mejores tiempos, las piernas de Induráin desarrollaban una potencia de 500 vatios, lo necesario para subir cualquier puerto de los Alpes o de los Pirineos a más de veinte por hora. Pues con los 250 vatios del motor y lo que tú le eches, podrás subir por cualquier sitio“.

Claro, no todos se lo creen. “Al fin y al cabo, a mí qué me va a contar éste, que quiere venderme la moto“, se dirán algunos. Ningún problema. Les dejo probar la bici o se la alquilo. Y me quedo esperando tranquilamente a verle llegar con una sonrisa de oreja a oreja dibujada en su rostro.

Pero esto no es montar en bicicleta“, me discuten los puristas recalcitrantes. Y en parte les doy la razón. Las ebikes representan una forma de hacer ciclismo distinto al que habíamos conocido hasta ahora. “Pero es ciclismo -les digo- y esto que tienes delante es una bicicleta“.

Y les pongo el ejemplo del esquí. “¿O acaso el esquí de pista no es también esquí? La mayoría de esquiadores utiliza unos remontes mecánicos para subir la montaña y así poder hacer tantos descensos como quieran. Porque según tu lógica el único esquí verdadero sería el de montaña, el del intrépido que se tira toda la montaña subiendo a una cima a pie para poder disfrutar de un único descenso al final de la jornada. Pues mira, ahora existe otro tipo de ciclismo que te ayuda a subir, tú decides si mucho o poco, y así llegarás a casa más descansado, podrás hacer rutas más largas o disfrutar de más descensos“.

Lo dicho. Nos gustará más o nos gustará menos, pero las bicis eléctricas han llegado para quedarse, y, gracias a su facilidad de acceso y a los avances tecnológicos que están por venir, ampliarán el abanico de usuarios hasta unos límites que ahora mismo nadie es capaz siquiera de llegar a imaginar.

Por Gabriel Pernau desde 

Imagen tomada de