Las bicis gigantes del Aubisque

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Acabo de salir de la Oficina de Turismo la Maison de Gourette, en la bella población termal de Eaux-Bonnes, donde me han tratado de maravilla. Claro, el ir vestido de ciclista y presentarme como colaborador de una revista, interesado en hacer un reportaje sobre sus míticos “Grands Vélos d’Aubisque”, me han abierto las puertas de par en par. Les he dicho que iba para allá, a visitarlas, ya que la última vez que estuve aquí en el año 2006 aún no estaban instaladas en la cima del coloso pirenaico. Me han explicado que su deseo fue desde el principio el dejar las bicicletas en el Aubisque “pour saluer le courage des milliers de cyclos qui franchissent tous les ans ce col mythique. Aujourd’hui il y a des photos du sommet avec les vélos et le somptueux panorama du Cirque de Gourette dans le monde entier…” que creo que no necesita traducción.

Se colocaron por deseo expreso de la Oficina de Turismo de Gourette y fueron fabricadas en ocasión de la celebración de la 16ª etapa del Tour entre Orthez y Aubisque-Gourette, el 25 de julio del 2007, ganada por el danés Rasmussen (*). Los encargados de los trabajos y de dar forma a las bicis fueron los propios operarios de la empresa E.P.S.A. (Etablissement public des stations d’altitude) que gestiona el dominio esquiable de la estación de Gourette. Las bicicletas son propiedad de la Oficina de Turismo y rinden homenaje al Tour y al propio Col, uno de los más concurridos por la Grande Boucle con más de 70 pasos desde el año 1910 por estos Pyrénées Béarnaises.

Salgo con una sonrisa de oreja a oreja por la información facilitada y sigo con mi cabalgadura dirección el Col d’Aubisque. El cielo está completamente azul y el sol brilla con fuerza y son decenas y decenas de cicloturistas los que me voy encontrando por el camino. Estamos en agosto y se nota. Yo sigo a buen ritmo, pasándolo algo mal en según qué rampas como la del 13% después de superar el puente sobre el río Valentin.

Después de un buen rato penando sobre la bici, por fin corono el mítico puerto. En esos momentos lo que más me atrae es acercarme a las bicis gigantes y fotografiarme junto a ellas, tarea complicada. Y aquí estoy, delante de ellas, tres enormes bicicletas cada una con los colores de los maillots del Tour: una amarilla, otra verde y cómo no, la blanca con lunares rojos de rey de la montaña. Paisaje espectacular y buenas vistas. La última vez que estuve había niebla. Hoy, por suerte, el cielo está despejado. Caballos sueltos. Cantidad de ciclistas tomando algo en la terraza del bar-restaurant o fotografiándose junto a sus colegas con las bicis con poses para todos los gustos. Algunos se lo pasan fenomenal, riendo y bromeando. No es para menos, junto a ellas parecemos todos muy, muy, pequeños.

Mientras espero que se despeje la zona para hacerme unas fotos, aprovecho para dar un paseo por el Col, ya que hay otras muchas curiosidades por contemplar. Además del típico mojón con la altura (1709 m) y la ubicación, te puedes recrear observando la estela en honor a André Bach, un oficial francés de la Legión de Honor que perdió su brazo izquierdo en 1916, durante la 1ª Guerra Mundial. Siguiendo el consejo de su médico, el Doctor Ruffier, se animó a hacer bici. Eso fue lo que hizo que se entusiasmara de nuevo por la vida a través de la práctica del ciclismo, y de 1937 a 1940 llegó a ser presidente del Béarn Cyclo Club. Solía ascender el Aubisque casi a diario para mantenerse en forma, hasta que en 1943 fue deportado a un campo de concentración alemán. En mayo del 45 murió volviendo de su cautiverio y el 26 de septiembre de 1948 fue inaugurado este monumento en su memoria por los cicloturistas del B.C.C. También existe un busto dedicado al belga Lucien Buysse, vencedor del Tour en 1926.

Bueno, voy a ver si por fin me dejan echar unas fotos a las bicis.
(*) Michael Rasmussen sería expulsado del Tour al final de esa etapa

Por Jordi Escrihuela , desde Ziklo, sueños ciclistas

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