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La burbuja del carril bici

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La burbuja del carril bici

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Seguramente, si hiciéramos una estadística más o menos fiable del tema tocado en cada jueves que dedicamos al ciclismo urbano, la palabra “carril bici” sería el tag más utilizado. No sé si ello es bueno o malo, o en todo caso acreditativo de algo, pero de lo que no cabe duda es que este término es una constante, que vuelve cíclicamente a estas líneas, porque como en la vida real todos lo tienen muy por la mano.

Carriles bici en España ya hay unos cuantos. Cuando se ejecute lo que a día de hoy está prometido, la geografía amenaza con teñirse, como se colorea cuando arrastras el hombrecito por el street view. Eso es bueno y es malo al mismo tiempo.

Por un lado es bueno porque constata la instalación efectiva de la bicicleta en las ciudades. Que se hable de ellos da a entender de la necesidad de atender un colectivo, el ciclista, que mucho me temo tiene la llave para que las ciudades sean algo más habitables. No sé qué ocurre, pero la mierda que tragamos últimamente, gentileza de los coches, es exageradamente grande.

Es bueno como digo, pero también es malo, o no al menos tan positivo como se cree. Raro es el programa municipal que no promete una kilometrada de carriles bici. Promesas a veces adornadas de planos e imágenes que recrean auténticas Itacas de la bicicleta, planos e imágenes que plasmados no son ni tan útiles ni tan bellos, al menos con el paso de tiempo.

El carril bici forma parte de la pancarta de los políticos y ya se sabe que cuando cuestiones de interés público caen en sus manos, corren el riesgo de convertirse en banales. Hay sencillamente una burbuja de carriles bici, se pone acento en la infraestructura, que al estar en periodos de crisis, viste la ciudad y es “low cost”. Hace diez años todo aspirante a alcalde prometía pujar por el AVE, situar un palacio de congresos en su término, instalaciones deportivas y si fuera menester buscar complicidades para crear un aeropuerto en las cercanías. Las bicis entonces eran del inframundo.

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Como aquel modelo fue insostenible, seguimos pagando aquellas enajenaciones, se ha pasado a la estrella de las infraestructuras de perfil bajo en el gasto, y ahí el carril bici es la vedette que todos quieren en su cartel. A veces es un garabato de un tipo montando en bici pintado en el suelo, otras veces está lleno de mierda, otras conduce a un container de basura, o a una valla, o a una zanja, o a un arbol. Pero da igual, en el dossier municipal esa porquería computa como kilómetro construido de carril bici.

Por cierto, nadie ha reparado en que el ciudadano de a pie no tiene porqué saber que en su ciudad un día le van a plantar un carril bici de doble sentido en calles que siempre han tenido uno. Eso es como ir por Londres y UK a ciegas para muchos que no nacimos aprendidos…

Como siempre, la apuesta a medio y largo plazo no interesa, no vende. Más allá de la creación de carriles bici, quizá estaría bien una campaña de concienciación de que la bicicleta le puede ir bien a la ciudad, de que los ciclistas deben respetar las normas y los conductores a los ciclistas y que llevar el niño al cole puede hasta acabar desgrava…

Eso si sería hacerle un favor a la bicicleta a los ciclistas, aunque llevará un tiempo, porque en definitiva, como nos comentaba Sergio Palomar hace un par de meses, el carril bici lo que hace, de forma sutil, es sacar al ciclista de la carretera, allí donde debería acaba yendo con total legitimidad y armonía.

INFO

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