Si la cabeza no acompaña, no hay nada que hacer

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El ciclismo lo descubrí con siete años, animado por mi padre y comencé mi andadura en escuelas apuntándome en el equipo Iturribero.

Los entrenamientos y actividades que hacíamos eran muy divertidos y el hecho de ir a correr o entrenar era el momento más esperado de la semana. Aunque no creo que sea algo decisivo ni esencial a esas edades, por suerte se me dieron bien esas categorías y siempre estaba en la lucha por la victoria.

Hasta la categoría juvenil vi el ciclismo como un hobby, aunque salía a entrenar y hacía buenas carreras tanto con el equipo como con la selección de Euskadi, ni mucho menos tenía en cuenta la mejora con la alimentación, entrenamiento específico, descanso, etc. Era todo despreocupado

En mi dos primeros años de Sub23, en la Fundación Euskadi, llegó el momento de pulir esos detalles y empezar a tomarse las cosas en serio mientras estudiaba un ciclo superior de Actividad Física y Deportes. La mejora en el rendimiento fue considerable y en mi cabeza empezó a rondar la idea de: ¿Por qué no intentar ser profesional?

Personalmente me hizo mucho daño, igual que a otros muchos, la desaparición del Euskaltel y la duda de si el actual Orbea iba a seguir o no. Pero nosotros teníamos que mirar adelante.

Necesitaba un cambio de aires, y recibí una llamada de Gorka Beloki. Iba a sacar un equipo elite y sub23 y me quería en sus filas. En ese momento que dije que sí no lo sabía, pero iba a ser el mejor año de mi vida en el ciclismo, tanto por resultados como por el gran ambiente que conseguimos entre compañeros y directiva. Acabé el año con doce victorias, convocatorias a carreras de nivel mundial con la selección y lo más importante, un pase para el recién creado equipo profesional Murias Taldea.

Este fue el momento en el que, teniendo toda la ilusión del mundo, poco a poco ésta fue decreciendo hasta llegar al punto de tener que dejar el ciclismo profesional la semana pasada. No voy a entrar en detalles, pero hay muchísimos aspectos en el ciclismo (en el que yo he vivido) que no los controla el propio ciclista y si no puedes llevar eso en condiciones, psicológicamente hablando, llega un momento en el que todo eso por lo que habías luchado, eso que habías querido y disfrutado no lo puedes ni ver y no eres capaz de sacar fuerzas para hacer tu trabajo en condiciones.

Como bien sabemos todos, hay otros casos como éste, e incluso a edades inferiores a la mía, de ciclistas con gran proyección y unas cualidades físicas grandísimas deciden que esto no es lo suyo. En el ciclismo si la cabeza no funciona, puedes tener las mejores piernas del mundo, que no vas a conseguir nada.

¿De qué sirve tener a un ciclista buenísimo si has ido mermando su mente hasta el punto que les has quitado las ganas de todo?

En los equipos que triunfan saben esto y cuidan a sus corredores, tanto física como psicológicamente.

Para mí el ciclismo ahora es algo que sólo quiero ver por la tele y practicar con mis amigos los días que me apetezca salir a dar un paseo. No hay mñas.

Mi vida profesional ahora se ha centrado en una afición que tengo desde que tengo uso de razón, de la que he adquirido muchas horas de simulador y muchos conocimientos de forma amateur. Ahora esa afición quiero que se convierta en mi trabajo, ya estoy trabajando duro para sacar lo antes posible mi licencia de piloto comercial y con le objetivo de volar un avión para una aerolínea en el futuro más próximo.

Un saludo a todos y os iré enseñando mis progresos en mi nueva vida en las redes sociales.

Por Imanol Estevez

Imagen tomada de FB de Rafa Extebarria

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