La campana salva a Katusha

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Lo siento, pero el tema Katusha vuelve a dejar al ciclismo malparado. No seré yo quien diga que merecían más o menos castigo, porque la verdad no tengo ni idea de cuáles son los castigos ni la medida para los mismos, quizá Gianni Savio sepa decírmelo mejor. Ni siquiera compararé la vara que se aplicó con el Androni respecto a los rusos.

Cookson, la UCI, los que dirigen el cotarro se pasan el día, las horas, cantando las bondades del sistema, nos venden que lo hacen por el bien del deporte, por la igualdad entre todos, pero después, casi siempre hacen todo lo contrario.

Un positivo por cocaína, asómbrense, ha sido el argumento para que el Katusha no se quemara en serio en su diabólico juego con los límites del juego. El mismo día que Alexander Kristoff daba cuenta de Mark Cavendish en Qatar, el equipo vio como la máxima autoridad pasaba la página del positivo de uno de sus ciclistas, Eduard Vorganov.

Y digo que la cocaína fue el argumento porque su fin no es el rendimiento deportivo y sí la diversión. Curioso, porque Paolini, el hombre del positivo, fue expulsado del Tour por ello.

¿En qué quedamos? Si no hay objetivo deportivo ¿por qué se le expulsó? contradictorio en esencia y apariencia, con una vaga explicación y muchas sospechas de mamoneo en la mesa, por eso de que uno de los dirigentes de la UCI esté en la junta sea el presidente de la federación rusa, un país que por cierto no está para más sanciones.

Una vez más nos queda el sabor de fraude, a que al final del camino las cosas se deciden por cuestiones que se nos escapan. ¿Quién decide qué? ¿quién tiene la potestad de matar ilusiones, de finiquitar carreras? Sólo espero porque al final somos personas, que Luca Paolini haya dejado la esclavitud por la que dijo sentirse aplastado.

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