La carrera del siglo fue la del siglo

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Cuando Bradley Wiggins se apeó de su bicicleta en el pasado mes de marzo era la viva imagen de la ansiedad. Enojado por la derrota ante la cuarteta australiana, no veía el momento de estar en Río de Janeiro para jugar la revancha contra esos intrépidos del cono sur. Pasaron lo meses, Wiggins y los suyos, Edward Clancy, Steven Burke y Owain Doull, hicieron lo de la avestruz, trabajaron a destajo, deslizaron que los récords del mundo se estilaban en sus entrenamientos y volvieron a Río con todo para cobrarse el “maracanazo”.

Por todo eso, hay momentos que deberían pararse en el tiempo. Pasan muy deprisa, son intensos, breves y memorables, son momentos tan especiales que duran diez segundos menos de cuatro minutos y se dan cada cuatro años. ¿Os parece suficiente singularidad?.

La final de persecución por equipos era uno de los momentos fuertes de los Juegos Olímpicos de Río. Lo llamamos la carrera del siglo y lo fue. Una final con mayúsculas donde los aussies, muy flojos en las rondas previas, pusieron todo y todos sus efectivos para derrotar el Team GB que venía de certificar la final con un récord del mundo, metiéndose en la escala del 3´50´´. Aboslutamente demencial.

Un WR en una fase previa es un arma de doble filo, marca terreno pero pesa en las piernas. Producir algo similar en tan poco tiempo, algo menos de dos horas exige una recuperación bestial. Pero lo hicieron, estiraron patas, cogieron resuello y se enfrentaron a los oceánicos en un ejercicio antológico de esfuerzo supremo y nervios de acero. La persecución perfecta BIS. Australia dominó la carrera durante los primeros kilómetros y algunos tuvieron el velódromo de Londres en el recuerdo. La situación se descompuso y los británicos sacaron lo mejor en la recta final. Campeones olímpicos y otro récord del mundo.

Menuda carrera, no había manera de contener las formas. Río vio en primera persona dos récords del mundo en la misma carrera en un intervalo ridículo. Dijeron que rodaban a ese nivel en los entrenamientos en la isla, reproduciendo las condiciones de humedad y temperatura del escenario carioca, pensamos que era una fantasmada, ya sabéis, los británicos y su repelencia habitual pero qué va. Ahí estuvieron, ahí lo clavaron. Ni los australianos, jugando a los cambios de fichas que vaticinó Jaume Mas, pudieron.

Dije el otro día de Cancellara, los grandes se retiran cuando quieren, las leyendas con medallas de oro rebotando en el pecho. Valga idéntica aseveración para Bradley Wiggins, qué ciclista, qué leyenda, qué hombre, Ambición pura, intacta desde el primer día. Hablaremos de él en breve, por de pronto dedicadle esos 3´50´´que dura la final a verla y reverla, es extraordinario.

Imagen tomada de @RobayoColombia

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