La condena de Sagan se llama Van Avermaet

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Van Avermaet, Sagan, Jungels, Bambrilla, Stybar,… no, no hablamos de los favoritos a las mejores carreras de la inminente primavera y sí de la plana mayor de Tirreno-Adriático para la crono final. Un puñado de ciclistas que entró en la quiniela porque no hubo más chicha en una carrera que este año nos brindó una etapa sensacional y una controversia que seguro no será la única cuando las condiciones climatológicas entran en juego.

No ha sido ésta la primera vez que ciclistas de perfil clásico se juegan el triunfo entre los dos mares de la bota itálica. Antes lo hicieron otros, en una carrera que tiene escasamente medio siglo. Desde el inmemorial e inimitable Roger De Vlaeminck que ganaba la carrera mientras se testaba de cara a San Remo y Flandes a corredores que destacaron por ser excelentes ciclistas de un día: Francesco Moser, Guiseppe Saronni, Rolf Sorensen, Maurizio Fondriest, Michele Bartoli, Davide Rebellin, Filippo Pozzato, Oscar Freire y Paolo Bettini.

Del pronóstico de los primeros, Peter Sagan parecía el más adecuado a llevarse el triunfo, por esa polivalencia congénere que exhibe, y casi lo consigue, le falto un segundo, de hecho estoy seguro que lo habría logrado si no se jugara los cuartos con el que podemos considerar verdugo oficial del campeón del mundo, Greg Van Avermaet, quien en Richmond vio volar a Sagan hacia el arco iris, pero que en el resto está dando cuenta de forma contundente de un corredor que nació ganando pero que se ve condenado a la plaza de plata.

Van Avermaet entronca con los ganadores no vueltómamos de la Tirreno, nada que ver con el perfil de Nibali, Nairo y Contador. Van Avermaet ha ganado por detalles y picardía, la que tuvo en la etapa que ganó a Sagan y le dio los segundos que le salvaron en la etapa contra el reloj. Es curioso, con la cantidad de podios y frustraciones de Greg ahora le viene todo por añadidura, encima salvando a Sagan, ciclista casado con la victoria desde jovenzuelo,

De la Tirreno, caben pocas lecturas, pues todos los que son están ahí delante, pero sin embargo ratifica el estado dulce dulce de Fabian Cancellara, quien dice no tener la presión de otros por ganar San Remo, pero qué narices, conociéndole, seguro que dará la nota camino de la Riviera porque tiene motor, tiene ambición y tiene una ultima oportunidad, ésta pues el año que viene ya será leyenda.

Imagen tomada de FB de la Tirreno-Adriático

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