La conquista del gremio de la bicicleta

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BMC Racing Team, Cannondale, Team Giant Shimano y Trek Factory Racing, más la aportación de Merida al nombre de Lampre, son la parte notoria de una realidad que a muchos llama la atención. El gremio de la bicicleta se ha lanzado a esponsorizar las grandes estructuras del ciclismo, en una acción tan simultánea desde tantas enseñas que si bien no es nueva, sí destaca por la cantidad de marcas de bicicletas que se han decantado por entrar directamente en el escaparate ciclista.

El primer ejemplo de esta nueva fiebre patrocinadora por parte de las mejores marcas llegó hace exactamente con Carlos Sastre y el Cervelo. Aunque enseñas “bicicleteras” ya habían lucido en los maillots como principal sponsor, el equipo que surgió al calor del ganador del Tour de 2008 se tornó la primera experiencia de algo que ahora mismo es tangible. Aquella situación no fue sencilla y no tuvo final feliz. Sastre acabó quemado y la marca canadiense se declaró incapaz de sacar adelante los números del equipo insertándose en el seno del que hoy es Garmin.

Sin embargo de todo aquello algo quedó y ahora el World Tour tiene un actor en las bicicletas que antes el ciclismo de elite no tenía. La situación dio origen a un post de nuestro compañero Luis Román que afirma, no sin preocupación, que las inversiones de marcas de bicicletas son excesivas y no hablan bien de la imagen del ciclismo. Aunque creo que mucho de eso hay, también nos gustaría desvelar un aspecto positivo y no es otro que la propia fortaleza del sector.

Si Cervélo tiró la toalla por la inviabilidad del proyecto, ahora vemos que muchas marcas emprenden al mismo tiempo. Entendemos que lo hacen con bases sólidas, si bien sus circunstancias son variopintas pues en el caso del BMC, todo es capricho de un millonario, y en el de Merida no hay otra motivación que acompañar, y nunca liderar, el proyecto.

No obstante el grado de implicación es interesante sobre la salud del gremio y también sobre el compromiso que muestra con “su” deporte. A ello, por eso, nos gustaría que se sumaran otros escenarios, por ejemplo el de ver a estas marcas hacer lobby para que la bicicleta tenga su cuota en la sociedad, pues en la democratización total y absoluta de este medio también va su supervivencia. Por otro lado, estos patrocinios conllevan una mejor divulgación de marcas que compiten en un mercado confuso de ofertas y prestaciones donde muchos intermediarios y grandes centros de distribución también meten baza.

En esta “carrera” el ciclismo sólo puede salir beneficiado por la evolución tecnológica a la que las marcas han de confiar si quieren seguir en el circo. Sabido es por ejemplo el nivel de exigencia del Team Sky para con Pinarello, o la excelencia que alcanza Specialized sirviendo a Omega y Saxo al mismo tiempo. Si hasta la posibilidad del fichaje de Chris Horner por el Caja Rural tenía a Vivelo Bikes como garante financiero de una operación que quedó en “stand by”. Ahí vemos el renovado poder de estas empresas.

Con todo, si algo queda dañado es el poder de gestión y sobretodo de convicción del ciclismo que ve como sus propios proveedores salvan los presupuestos de sus equipos. No creo que resulte complicado vender las bondades de un equipo que corra el Tour, un evento que para muchos es el más importante mediáticamente de cuantos se celebran en deporte mundial. Si con estos mimbres no se puede hacer un cesto de calidad, algo falla.

Y por último qué quieren que les diga, pero prefiero estos patrocinios, más endogámicos si se quiere, que no esa burbuja de inversión de dinero público por parte de regiones y comunidades como en España. Hace ocho años este país tuvo equipos de Murcia, Valencia, Illes Balears, Galicia, Andalucía, Fuerteventura,… ver el plantel de equipos en España era como memorizar el estado de las autonomías. Luego vino la crisis y se fue todo al garete.

No obstante, y a pesar de esto último, no cabe duda de que al ciclismo le conviene parar, respirar, tomar resuello y volver a picar esas puertas que un día sí se abrieron.

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