La conspiración de los SRM

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Hay estos días en el canal Historia un capítulo del “Libro secreto de América” que incide en los multimillonarios del país y si estos se reúnen en secreto para torcer el camino del estado, domar voluntades y crear corrientes de opinión. No es más que una versión, torticera o no, de la teoría de la conspiración, eso que todos tenemos en mente, sin saber muy bien lo qué es, aunque intuyamos que muchas de las cosas pueden obedecer a esas difusas reuniones.

En ciclismo estos días estamos viendo como se imponen otras teorías y todas se manejan desde un elemento común: los SRM, eso que sabemos que llevan los ciclistas en su manillar, que les dice hasta el número del DNI y que sirve para desnudarles ante la opinión y los rivales. Creo que quien ideó el aparatito, está haciendo como los ricos de América, desde donde quiera que esté o ideara el aparato, nunca imaginó tan gratuita y viral publicidad de su producto.

No sé si ha habido cónclave clandestino y discreto de marcas de SRM, no sé si sus malévolas consignas eran éstas o quieren ir más allá, pero lo que está claro es que estos bichos los carga el diablo y han cambiado nuestra forma de ver ciclismo para siempre.

Si hace unos años la aldea global de internet nos llevó a ver el Tour, Roubaix y Tirreno con un smartphone u ordenador al lado para ir tuiteando lo que nos parecía la carrera, ahora tenemos un ojo puesto en los datos que revelan estas pantallas para acabar de emitir nuestra opinión y tener el paisaje entero de lo ocurrido.

Pero ocurre a veces que o estos aparatos no son exactos  o arrojan tantos datos y tan difusos que quien los interpreta coge la parte de la historia que más le pone. La actuación de Chris Froome en la Pierre de Saint Martin, y seguramente la de estos días en los Alpes, ha tenido tantas interpretaciones, como personas se han atrevido a opinar.

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Desde las inmaculadas y virginales conclusiones del Team Sky, que presentan a su chico como un atleta excepcional pero dentro de los parámetros permitidos, como las de los comentaristas de franceses –el botarate de Jalabert al frente– que hablan de ascensiones “mutantes” y rendimientos que recuerdan a Riis en Hautacam.

Si hace unos años todos jugábamos a periodistas, cuando no a técnicos, analizando el desenlace de la carrera, las estrategias, la lectura de los ataques y esas cosas que amenizan el ciclismo, ahora nos creemos fisiólogos que leen entre las líneas de los vatios, de los rendimientos, del consumo de oxígeno,… quizá el siguiente paso sea creernos nutricionistas, saber si con una barra de cuarto puedes zamparte el Tourmalet a 400 vatios. O quizá psicólogos e indagar en cómo durmió el corredor o si echó un polvo el día de descanso.

Creo que al final esto es menos complicado de lo que parece. A veces me gustaría estar como hace veinte años, tirado en el sofá con unas Príncipe al lado y gozando de los trenos de Indurain sin más preocupación que ponerte lo más fresco posible para disfrutar de la televisón, es decir hacer como hacen los futboleros, que no les hables de amaños, ni rendimientos sorprendentes y sí de si la pelotita entra…

Imagen tomada de www.eltiodelmazo.com

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